Los métodos de la filosofía
pm2200753302007 22, 2007 por diazolguin
—Notas introductorias al método fenomenológico—
I
Un método se concibe, de manera general, como “una serie de pasos que da un hombre para conseguir algo”. Esta serie de pasos constituye para el hombre un “camino” que ha de seguir en su totalidad, un “sendero” que debe recorrer puntualmente, de lo contrario, no podrá obtener cuanto se había propuesto al comenzarlo.
Los métodos juegan un papel importante en la vida del hombre. Por su medio, el hombre puede ir de la simple fabricación de ciertos objetos hasta la producción masiva de éstos. Con su ayuda, el hombre gana en eficacia, porque se vuelve más efectivo; economiza esfuerzo, ya que se cansa menos; ahorra tiempo, pues actúa más rápido. Su mayor utilidad, por eso, es en la vida práctica del mundo, en el campo de la tecnología, de la fabricación de productos, de los negocios, de los deportes, de la gastronomía, de la creatividad artística. Donde mejor demuestra su capital importancia, sin embargo, es en el ámbito del conocimiento.
En el ámbito del conocimiento, un método se puede definir como “el camino que sigue la mente para acceder al interior de un objeto”. Como consiste en una serie de pasos mentales seguidos gradualmente, recibe el nombre de “procedimiento”; pero, al seguir puntualmente un conjunto de datos recabados de los objetos, se llama “investigación”.
Los métodos de investigación han sido inventados por el hombre para elevar el “conocimiento elemental” que tiene de algunos objetos a “conocimiento científico” de los mismos. Sin los métodos de investigación no habría conocimiento explícito, riguroso y crítico de los objetos del mundo; tan sólo habría el conocimiento básico de la experiencia, muchas veces influenciado, además, por la multitud de opiniones razonadas que comparecen al por mayor en la mente del hombre. Estos métodos sirven al hombre para conocer los objetos de forma “verdadera”, más allá de las impresiones inmediatas que muchas veces tiene de éstos o de las observaciones ocasionales con que normalmente suele considerarlos. Las primeras son limitaciones en el conocimiento de los objetos de carácter subjetivo, mientras las segundas son limitaciones del conocimiento de los mismos de carácter objetivo.
En términos amplios, los métodos de investigación permiten a la mente del hombre “penetrar” los objetos para después poder “explorarlos” desde dentro. Cuando se aplican adecuadamente, éstos garantizan a la mente del hombre la “comprensión” adecuada y cabal de los objetos. Si el acceso no se consigue o se alcanza sólo hasta cierto punto, al menos posibilitan a la mente del hombre “describir” los objetos y, a través de una serie de observaciones y la realización de determinados experimentos, llegar a una “noción aproximada” de los mismos.
II
Para ayudar a la mente del hombre al conocimiento óptimo de los objetos, los métodos de investigación deben cumplir cabalmente con dos condiciones básicas.
§ Por un lado, ser impuestos exclusivamente por la naturaleza misma de los objetos, pues son los objetos mismos quienes han de indicar a la mente del hombre cómo deben ser penetrados o cómo deben ser explorados por ella.
§ Por el otro, ser adecuados totalmente a la naturaleza misma de los objetos —a su modo de ser y a su modo de aparecer; a su modo de obrar o a su modo de padecer— para poder dar cuenta de todas las características esenciales, cualidades permanentes y rasgos específicos de éstos.
Para la mente del hombre, en efecto, el acceso intelectual a la naturaleza de un color tiene lugar a través del ojo, mientras que el acceso intelectual a la naturaleza de un sonido tiene lugar por medio del oído. La exploración intelectual de ambos objetos, sin embargo, difiere sustancialmente de la que implementa la mente del hombre para un número o un concepto, porque los dos primeros objetos son de naturaleza física, material y, por lo tanto sensible, mientras que la naturaleza de los números y de los conceptos es ideal, esto es, no material y no sensible. En estos dos últimos casos, las percepciones llamadas “sensibles” —como las que realizan propiamente el ojo o el oído— apenas sirven como mero punto de partida ocasional para la consideración de estos objetos.
Por su parte, comprender intelectualmente la enorme variedad de objetos propios de la psique humana exige a la mente humana una aproximación y una exploración a su naturaleza específica que no se puede pedir, en cambio, para los valores morales o religiosos. Los primeros objetos pertenecen al mundo de los seres naturales, mientras los segundos son entidades axiológicas; si aquellos son aprehendidos por la mente humana a través de las vivencias propias del hombre, estos últimos, en cambio, son aprehendidos por ella mediante genuinas percepciones, sólo que de índole especial respecto a la percepción sensible.
Lo anterior significa que la elección de los métodos de investigación no se encuentra a disposición arbitraria del hombre que ha de emplearlos, de su sensibilidad o capacidad naturales, de su fantasía desbocada o sus ocurrencias súbitas, de sus hábitos mentales o de su formación intelectual particular. Antes bien, debe fundarse en el respeto irrestricto a los objetos y en la total fidelidad a sus datos.
En el ámbito del conocimiento científico no existen “métodos universales”, válidos por igual para todo tipo de objetos, pues el mundo que el hombre habita en realidad se compone de una multitud abigarrada de objetos de diversa índole. Métodos que en ciertos ámbitos de la realidad han demostrado su eficacia en la comprensión de determinados objetos han conducido a grandes fracasos —o, al menos, a resultados de consecuencias terribles— cuando han sido aplicados indebidamente a objetos que pertenecen a otros ámbitos de la realidad. Hubo un tiempo en que se pensó que se podría hacer psicología, por ejemplo, empleando exclusivamente los métodos de investigación empírica propios de ciencias como la física y la química.
Cada ciencia, por eso, debe desarrollar métodos específicos acordes a la estructura esencial de sus objetos de investigación, si pretende alcanzar un conocimiento verdadero de éstos. Aunque el método “empírico-positivo” es el más socorrido en el ámbito de las ciencias naturales —como la física y la química, la biología y la psicología— no por ello este método es “el método” por excelencia para todo tipo de objetos. Hay algunos objetos que no son accesibles sin más al método empírico-positivo, no obstante estar conformados por propiedades materiales y cualidades sensibles. Por eso, para ser empleado en otros ámbitos del mundo con cierta eficacia, muchas veces este método debe ser “modificado” primero para adecuarse a la estructura específica de los nuevos objetos.
III
Como cualquier otra ciencia —esto es, como cualquier otro conocimiento crítico, riguroso y sistemático de algún objeto— la filosofía también emplea determinados métodos de investigación de sus objetos.
Estos métodos permiten a la filosofía penetrar, explorar y comprender la multitud de datos recabados de los objetos por medio de la experiencia, especialmente de aquellos que pertenecen a los objetos de manera originaria. Una vez que son aprehendidos explícitamente por la mente del hombre, estos datos son sometidos de manera rigurosa y sistemática a múltiples discernimientos críticos por cada método filosófico para corroborar que no se trata de características accidentales o particulares de los objetos, sino esenciales y necesarias.
Entre los muchos métodos que emplea la filosofía para investigar sus objetos se encuentran la “interrogación mayéutica”, la “ascensión dialéctica”, la “abstracción lógica”, la “separatio metafísica”, la “oposición dialéctica”, la “intuición vital”, la “intuición eidética” o la “intuición emotiva”, el “análisis lingüístico”, etc. Algunos son muy antiguos, pero otros son de reciente cuño.
Con frecuencia, estos métodos son vinculados con los pensadores que los inventaron y aplicaron en determinada época a ciertos objetos. Por eso, suelen recibir el nombre de éstos. Así, por ejemplo, se habla de la “mayéutica socrática”, la “dialéctica platónica”, la “abstracción aristotélica”, la “separatio tomista”, la “dialéctica hegeliana”, la “intuición bergsoniana”, la “intuición husserliana”, la “intuición scheleriana”, etc.
A pesar de las diferencias notables que separan a unos de otros incluso radicalmente, todos ellos son métodos filosóficos en sentido estricto y no meras adaptaciones de métodos empleados por otras ciencias. Eso significa que ponen en juego “órganos” especiales y “procedimientos” mentales del hombre que no se hallan presentes en otros métodos científicos. A ellos corresponden, incluso, “categorías” específicas.
IV
Un método de investigación filosófico, que se destaca de los demás por especiales cualidades epistemológicas para el conocimiento adecuado de los objetos, es el método fenomenológico, propuesto por primera vez al mundo intelectual hace poco más de cien años por el filósofo alemán Edmund Husserl en su conocida obra Investigaciones lógicas.
Husserl inventó el método fenomenológico, en primera instancia, para superar tanto el relativismo como el escepticismo en los que se encontraba estancada la ciencia de su época.
§ El “relativismo” afirma, en primera instancia, que no existen verdades absolutas o, en sentido inverso, que las verdades todas son relativas a los sujetos individuales que las sustentan, según el conocido apotegma de Protágoras de que “el hombre es la medida de todas las cosas”. De aquí se desprende, en segunda instancia, también la relatividad del mundo, porque en éste no habrá cosas en sí mismas, objetivas, sino sólo aquellas relativas al sujeto que las considera. No es nada extraño, por eso, que al relativismo siga casi siempre de manera necesaria un escepticismo.
§ Para el “escepticismo” nada es cognoscible, por eso no puede obtenerse de los objetos ningún conocimiento verdadero, la mente no puede formular sobre ellos ninguna proposición válida; a lo mucho, sólo pueden hacerse sobre éstos afirmaciones aproximadas o altamente probables, en dependencia estrecha con la condición social, intelectual, moral, psicológica de cada individuo que se aproxima a ellos.
Husserl llamó, en general, a estos planteamientos, “psicologismo” y los combatió duramente por extenso en la larga introducción de las Investigaciones lógicas, desmontando uno por uno los diversos prejuicios epistemológicos —en los cuales se encuentra fundado— con gran agudeza.
Husserl también inventó el método fenomenológico para devolver a la filosofía la condición de conocimiento “científico”, que se había perdido o, al menos, puesto críticamente en cuestión, con el surgimiento de las ciencias modernas —matemática y física— y la emancipación de éstas del ámbito de la filosofía. Por ello, se esforzó como ningún otro en demostrar que la filosofía debe ser considerada también como una “ciencia estricta”, esto es, como un conocimiento crítico, riguroso y sistemático de los objetos, como cualquier otra ciencia. Para ello, ésta debe abandonar el modo de considerar los objetos de la realidad de las otras ciencias en busca de su modo propio de investigar.
Si bien es cierto que Husserl aplicó el método fenomenológico particularmente a problemas lógicos y epistemológicos, muy pronto los más brillantes seguidores de éste descubrieron la importancia del mismo para abordar adecuadamente problemas de ética (Max Scheler), antropología (Edith Stein), psicología (Alexander Pfänder), biología (Hedwig Conrad-Martius), ontología (Roman Ingarden), religión (Rudolf Otto), derecho (Adolf Reinach), estética (Moritz Geiger).
La mayoría de ellos pertenecieron a lo que se dio en llamar “Círculo fenomenológico de Gotinga” y “Círculo fenomenológico de Múnich”, en los que se desarrolló una forma de investigación fenomenológica que se conoce con el nombre de “fenomenología realista”, que intentó superar los escollos del idealismo subjetivista hacia el que se había encaminado la posterior formulación del método fenomenológico hecha por el mismo Husserl.
Entre todos estos seguidores, uno que se destaca de manera particular por la amplitud de ámbitos que abordó con su investigación filosófica y los excelentes resultados a los que llegó en muchos de ellos fue Dietrich von Hildebrand, a quien se hará referencia explícita a continuación para presentar el método fenomenológico en sus principales líneas, pues no siempre es fácil exponer de manera sencilla y clara dicho método a partir de los textos del mismo Husserl, debido a la complejidad técnica y sutileza argumentativa que los acompaña —no siempre sorteables con facilidad— y a la reformulación constante al que fue sometido por su creador en cada uno de sus libros.
V
El método fenomenológico, según Dietrich von Hildebrand, tiene como principal cometido conocer la “esencia” [Wesenheit] de los objetos, especialmente de aquellos cuya estructura interna es estrictamente necesaria [strikte Notwendigkeit] y altamente inteligible [höchste Intelligibilität], razón por la cual se imponen naturalmente al espíritu del hombre en una “intuición intelectual” [geistiger Intuition]. Por encima de cualquier otra cosa, busca alcanzar de esta estructura interna de los objetos una verdadera, absoluta y plena “evidencia” [Einsicht].
Esta estructura interna, como ya se ha dicho, constituye el “qué” último [Washeit] de los objetos, la fuente absoluta de su originalidad, identidad y unidad propias. Conocerla, por tanto, puede considerarse, a su vez, conocer “a los objetos mismos” —tal como proponía el lema principal del método fenomenológico inventado por Husserl [zurück zu den Sachen selbst!]— por encima de los conceptos que los designan en el lenguaje ordinario y de todas las teorías con que ordinariamente se los interpreta o explica.
Esto se consigue, según este método, conduciendo la mente del hombre a la “aprehensión” [prise de conscience] totalmente explícita y decididamente plena de los objetos en cuestión, pues de ello depende que la mente del hombre pueda “llegar a ver” la esencia de los objetos [Wesensschau]. Desde esa posición epistemológicamente privilegiada, la mente del hombre puede “explorar” [Erforschung] la estructura interna de estos objetos de forma puntualmente rigurosa, practicando sobre ella minuciosos discernimientos críticos [Wesensanalyse].
Cuando todas estas cosas se logran, puede la mente “determinar” a través de enunciados [Urteilen] las “leyes esenciales” [Wesensgesetze] relativas a estos objetos con claridad y precisión, ya que ha alcanzado de la esencia de éstos su evidencia absoluta [Einsicht]. Sobre todo, puede diferenciar de forma inequívoca los “estados de cosas” relativos a estos objetos de manera necesaria [notwendige Sachverhalte] —por estar fundados en su esencia— de aquellos otros “estados de cosas” que sólo corresponden a ellos fácticamente [faktische Sachverhalte]. Incluso, puede ver de manera indubitable las “conexiones de sentido” [Wesenszusammenhänge] que existen en muchos de estos “estados de cosas” —que no dependen de simples constataciones empíricas— al ser de naturaleza a priori.
VI
Evidentemente, un método como este no puede desarrollarse más que a través de una serie de pasos específicos dados con la mente, que garanticen el acceso a la estructura interna de los objetos y hagan más eficaz la exploración y comprensión de éstos.
El primero de ellos consiste en situarse ante los objetos de investigación en un estado de total admiración por su presencia, con los ojos de la mente abiertos de par en par ante éstos, dejándose conducir al interior de los mismos a través del asombro.
La admiración no es, en sentido estricto, un acto cognoscitivo de la mente del hombre; ella misma no hace a la mente aprehender y comprender un objeto. Pero es una vivencia subjetiva que, como pocas, “dispone” la mente del hombre al conocimiento adecuado de los objetos, porque aproxima a éstos por medio de la curiosidad y abate la distancia creada ante ellos por toda forma de suspicacia.
Acto seguido, la mente del hombre debe penetrar los objetos de investigación únicamente a partir de los datos indubitables que proporciona sobre éstos la experiencia, esto es, del contacto primero, elemental, real que tiene la mente del hombre con los objetos en determinadas circunstancias de la vida. De hecho, no hay ningún otro “punto de partida” para comenzar una investigación científica de un objeto que la misma experiencia.
Este contacto experiencial con los objetos debe ser, en la medida de lo posible, pleno, fecundo y rico para la mente del hombre. Lo primero hace alusión al grado de evidencia de los objetos ante la mente; lo segundo hace referencia a la hondura de relevancia de su contenido; lo tercero, en cambio, hace mención a la diversidad y variedad de contactos de la mente con los objetos. De esta manera, el hombre aprende a “leer” con su mente los datos proporcionados por los objetos en lugar de “interpretarlos” o “especular” sobre ellos.
Asimismo, la mente del hombre debe explorar sistemáticamente los objetos de investigación, abarcándolos en su totalidad, sin menospreciar ningún tipo de dato que se imponga a la mente de éstos por sí mismo, ni pasarlo por alto debido a la obviedad con que se presenta ante ella, o reducirlo sin más a otro dato por su similitud con éste. Esta exploración sistemática de los objetos tiene como finalidad alcanzar mayor “claridad intelectual” acerca de éstos y no construir sistemas de explicaciones e interpretaciones sobre ellos, cerrados y perfectos. En este sentido, es relevante también descubrir las posibles “conexiones de sentido” que puede haber entre unos datos y otros de los mismos objetos que en un principio pudieran parecer desarticulados e insignificantes.
VII
Como el acceso a la “estructura interna” de los objetos no siempre es sencillo —a pesar de la “evidencia inmediata” de ésta— porque en la mente del hombre muchas veces existen una serie de limitaciones epistemológicas que la incapacitan a “ver” con claridad y a “reconocer” con honestidad lo que ha visto, el método fenomenológico propone otra serie de pasos cuya función principal es disminuir en el hombre lo más posible la ceguera parcial que nubla su mente para el conocimiento adecuado de los objetos —además de los antes mencionados— que estaban más en función del acceso, exploración y comprensión de los objetos.
El primero busca poner “entre paréntesis” cualquier opinión o valoración sobre los objetos de investigación que provengan del influjo de la mentalidad dominante que rodea al hombre —como el entorno cultural, la formación religiosa, las filiaciones políticas, los medios de comunicación, la idiosincrasia a la que se pertenece o la pura fuerza de la costumbre— pues muchas veces no se hace cargo de la naturaleza misma de los objetos, sino que pasa por encima de ésta, encubriéndola, oscureciéndola, reduciéndola con otros intereses o pretensiones.
El segundo de ellos busca poner “entre paréntesis” —aunque sea provisionalmente— toda teoría, hipótesis, explicación, interpretación o reducción sobre los objetos de investigación aprendida durante los estudios académicos; al menos, todas aquellas construcciones mentales que no muestren a la inteligencia del hombre una validez indubitable fundada en la evidencia inmediata de los objetos mismos, no obstante su venerable autoridad o conocida popularidad.
El tercero, finalmente, busca poner “entre paréntesis” cualquier imagen, idea, sentimiento, experiencia particular, convicción personal o intención específica que tenga el mismo hombre con relación a los objetos de investigación; es decir, todo aquello que piensa, supone, cree, imagina, siente, vivió, quiere, desea de los objetos —al margen de todo aquello que éstos muestran ser— y que muchas veces influyen en él de manera inconsciente.
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Escrito en Ensayos | 11 comentarios
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Estas notas sobre fenomenología me dejaron el dulce sabor de profundizar sobre el método fenomenológico, por lo cual mucho sabría agradecer la recomendación de autores que aborden el tema.
Felicito de corazón al profesor Díaz Olguín por explicar de manera sencilla un tema de gran dificultad para cualquier principiante.
Su escrito es indicador de ser un verdadero maestro, que desea compartir conocimientos profundos con los lectores que estén en búsqueda de saberes.
Gracias, muchísimas gracias.
Profe:
Antes que nada, disculpe que no me sepa expresar con un vocabulario que gente de su categoría merece, no es por no quererlo, sino por mi ignorancia (una doble disculpa), pero me ha dejado reflexionando mucho este artículo, sobretodo en la parte tan cierta de la que habla, es necesario cultivar la mente para poder entender los distintos fenómenos que rodean al hombre, no fenómenos sensibles, como usted bien ya ha dicho, sino los fenómenos de caracter más subjetivo; es aquí donde más he reflexionado y pienso que muchas veces los estudiantes de psicología nos paseamos pomposos pensando que conocemos la mente humana; cosa que no es así, porque, como usted mismo ha dicho en clase, no tenemos ni idea de lo que estamos estudiando, estamos en crisis, hemos olvidado el origen de la psicología que es el estudio del alma humana (supuestamente) y sólo estudiamos su conducta, su mente y su desarrollo social, pero el alma la hemos hecho a un lado.
Es bueno tener una materia que nos permite penetrar en la psicología desde otro ángulo, y es importante que usemos las materias que no son de psicología, pero que mantienen una estrecha relación con ella, para crear nuevos métodos de estudio, debemos encontrar un método que pueda ser casi universal (casi, porque entre humanos nos parecemos, pero no somos iguales), es ahí la crisis de la psicología, la plétora de corrientes, pero cada una con un defecto.
Le agradezco este artículo y su materia y espero aprender mucho de usted y romper con esta crisis.
Deben tratar de pubicar respuestas que los estudiantes puedan comprender mejor.
Publiquen cosas que tengan más profundidad y que les puedan servir a los estudiantes como una mejor respuesta para sus preguntas…
Eres genial… Y tus escritos me han ayudado mucho.
Es una idea genial: ideas claras y breves para saber cada uno de los pasos.
Buen día:
Fue lo más extraño que me ha pasado.
Actualmente curso una especialidad y una de mis materias es Fenomenología existencial. Extrañamente, al momento de leer el programa, no pude más que acordarme de Ud., pues de alguna manera el formato y la forma de explicar la revisión de los textos y demás cosa se me hizo tan familiar que, a pesar de las caras de mis compañeros de “¡¿cómo que tenemos que leer tanto?¡”, y demás cosas de índole académicas para poder aprobar la materia, no se me hicieron fuera de lo común (y mucho menos, tratándose de algo referente a la filosofía).
¿De dónde eso de que sea “extraño”?
Llevo revisando unos cuantos textos y la forma en que mi profesor, el Dr. Luis, nos hace partícipes, hace que a veces me acuerde de sus clases y de cómo era tan poquito el tiempo para poder “comprender” tantas ideas que el tema proveía (sin olvidar sus exámene… Uy, creo en eso mi Dr. le gana poquito).
Buscaba un dato para comprender tantitito más a Husserl (cosa que de momento no creo aun comprender; digo, es mucha información)… y me topé con esta página.
Quizás es mucho lo que he escrito, y quizás Ud. nunca se acuerde de quién soy (bueno, fui su alumna de pedagogía… Uy, en el 98-00), pero créame que por personas como Ud, por su labor docente y esa pasión y amor a su trabajo, es lo que me sigue empujando a seguir en este vicio de la vida,de seguir estudiando y haciendo mis tareas y demás cosas, de mi vocación y de seguir tratando ahora de conocer más de la filosofía (digo, ahorita ando con la fenomenología pero ella me lleva a revisar cosas atrás).
Bueno, gracias, y tenga una bonita vida.
Hola:
Sólo una opinión. No tengo nada en contra de la fenomenología, sin embargo, creo que conocer las cosas en sí no sirve sin un fin, y es interesante que el hombre no tiene claro su fin último; lo primero ¿quién me creó?, ¿de dónde vengo?, ¿cúal es mi misión en el tiempo de mi existir? ¿a dónde voy después de la muerte?
Sin responder estas interrogantes la filosofía no tiene sentido, será sólo un divagar y creo que las respuestas a estas preguntas no tienen un fundamento científico, por que la ciencia no puede ir más allá de ciertos espacios físicos.
Mi intención no es desilucionarlos, sino anunciar que la fe tiene respuesta para todas estas interrogantes sin necesidad de que la razón y la fe estén peleados. Ojo: no se confundan creyendo que la fe es lo mismo que la religiosidad; es cierto que la religiosidad puede llevarnos a veces a la fe, pero no es el único camino. Como dice la Escritura: en el mucho escribir también entra la soberbia por eso hasta que Dios quiera.
La Paz del Señor con todos.
Necesito, de manera concreta, saber los métodos generales y específicos de la filosofía.
Gracias.
[...] The busiest day of the year was 9 de febrero with 297 views. The most popular post that day was Los métodos de la filosofía. [...]
¿Me podría mandar información acerca de los siguientes métodos: fenomenológico, hermenéutico, dialéctico e idealismo, así como el propósito, fundamento y método de una manera más simplificada y fácil de comprender?
Necesito su ayuda para realizar una tarea.