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Archive for 20 marzo 2008

Miradas mudas

Quia peccatrix est…

Lucas, 7, 39

  

Miradas criminales de discordia

nacidas de la turba ahí presente;

una mujer, que busca ansiosamente

dónde encontrar del alma la concordia…

  

La escena, el místico silencio exordia

con un leguaje mudo y providente,

donde coinciden solos, frente a frente,

la “miserable” y la “Misericordia”.

  

La turba cruel, a la mujer condena,

con ojos de impiedad y de malicia;

ella busca perdón para su pena.

  

Miró Jesús a la mujer propicia

y, en un instante se trocó la escena,

allí donde el perdón se hizo “caricia”.

  

José R.

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1. Naturaleza del método

 

Para Adolf Reinach (1883-1917),[1] la fenomenología no es propiamente un “sistema filosófico”, compuesto a la par de verdades y proposiciones filosóficas, sino un método de investigación de objetos,[2] impuesto a la mente por la naturaleza misma de éstos, esto es, por su índole propia y su estructura específica.[3] Su tarea, por tanto, no consiste en “demostrar” esas verdades o “validar” tales proposiciones sobre de dichos objetos, sino aproximarse a ellos, penetrarlos con la mente, explorarlos con el rigor necesario y comprenderlos en su estructura interna.[4]

 

Este método de investigación es de carácter puramente intelectual; su principal recurso son  —como se verá más adelante—  originarias “intuiciones” de los objetos, apodícticas e incontrovertibles, adquiridas por los hombres a través de actos mentales específicos.[5] En él no tienen cabida procedimientos típicos de otras disciplinas, como la observación y la experimentación empíricas, porque no se aboca a la consideración de hechos fácticos, ocurridos aquí y ahora, de éste o de aquél modo, sino de puras esencias;[6] tampoco se emplean en éste procedimientos deductivos o demostrativos característicos de otras ciencias, porque no tiene que ver con formas abstractas, generalísimas y vacías, ni con meros símbolos y signos, convencionales o arbitrarios, sino con “contenidos materiales”, concretos y determinados.[7]

 

La tarea de este método de investigación se aparta, decididamente, de la forma habitual que los hombres tienen de relacionarse con los objetos, de considerarlos y de conducirse ante ellos, determinada  —la mayoría de las veces—  por las exigencias concretas de la vida, por las intenciones y las finalidades de ésta, más bien inmediatas y pragmáticas.[8] Pero también se aparta de la forma como los hombres se relacionan con los objetos a partir de los hábitos mentales adquiridos en el ejercicio científico, esto es, de las interpretaciones y suposiciones con que suelen considerarlos, las hipótesis y teorías con que suelen explicarlos y las reducciones y clasificaciones con que suelen ordenarlos.[9]

 

Esta tarea se sustenta, más bien, en una mirada y en una actitud que Reinach denomina, sencillamente, “fenomenológicas”.[10] Ambas cosas tienen exigencias propias, sumamente estrictas: para la primera, ésta consiste en una recuperación paulatina de la capacidad de “ver” los objetos por lo que son en sí mismos;[11] para la segunda, ésta radica en el desarrollo creciente de la disponibilidad del hombre para “conocer” a partir de sí mismo.[12] En las dos se funda, según este autor, la plenitud y la evidencia del método fenomenológico.[13]

 

 

2. Cometidos del método

 

Según Reinach, los cometidos que compete realizar al método fenomenológico en el campo de la filosofía son particularmente dos: por un lado, llevar a cabo, de la manera más rigurosa posible, el “análisis de las esencias” de sus respectivos objetos de consideración;[14] por el otro, exponer, con la mayor claridad posible, las “leyes necesarias” que corresponden a dichos objetos en razón de su esencia.[15]

 

Cada uno de estos cometidos del método fenomenológico tiene un objetivo último. Para el primero, éste consiste en llevar a la mente humana a la penetración intelectual de la “esencia” de cada objeto, de su propio “qué”.[16] Para el segundo, éste estriba en conducir la mente del hombre al descubrimiento gradual de los distintos “estados de cosas” que se puede predicar de los objetos de manera necesaria.[17]

 

Para alcanzar el primer cometido de manera adecuada, el método fenomenológico exige a la mente tener, como punto de partida de sus análisis filosóficos, la “visión de la esencia”  —directa y plena—  de sus objetos;[18] para alcanzar el segundo cometido de manera satisfactoria, en cambio, el método fenomenológico exige a la mente poner, como fundamento absoluto de sus exposiciones filosóficas, el “conocimiento de la esencia”  —claro y distinto—  de dichos objetos.[19]

 

Desde cierto punto de vista, es más importante para la filosofía el “conocimiento de la esencia” alcanzado por el método fenomenológico de cada objeto (segundo cometido) que la “visión de la esencia” de dichos objetos (primer cometido), porque de ello depende la posibilidad de atribuir predicativamente los principales “estados de cosas” que corresponden a la naturaleza de los objetos de manera necesaria. Sin embargo, sin la adecuada “aprehensión de la esencia” de dichos objetos, es decir, de su “intuición” o “visión”, esto último sería prácticamente imposible de conseguir.[20]

 

 

3. Momentos del método

 

a. Análisis de las palabras

 

Con frecuencia ocurre que la relación de la mente humana con sus objetos de consideración  —esencial para hacer investigación científica y, particularmente, investigación filosófica—  está mediada por “opiniones” y “definiciones” aprendidas de manera osmótica en el ambiente.[21] No por ello, afirma Reinach, la mente humana tiene conocimiento auténtico de estos objetos, porque opiniones y definiciones apenas “aluden” a los objetos, hacen “referencia” a éstos, pero no ponen necesariamente delante de la mente humana la esencia misma de los objetos; antes bien, pueden apartarla de ella de manera definitiva.[22] Esta es la experiencia del Sócrates presentado por los Diálogos de Platón cuando interrogaba a sus conciudadanos encontrados por las plazas y las calles de Atenas.[23]

 

Por esa razón, una de las actividades preliminares que debe llevar a cabo el método fenomenológico para cumplir su primer cometido satisfactoriamente  —el “análisis de las esencias” de los objetos considerados por la mente humana—  es llevar a cabo también minuciosos “análisis de las palabras” (y de sus respectivos “significados”) que son empleadas por el hombre al formular sus opiniones y definiciones sobre los objetos en la vida cotidiana.[24]

 

El análisis de los significados de las palabras tiene, en este contexto, un doble objetivo: por un lado, superar los enormes equívocos que suelen estar implícitos en muchas palabras empleadas por los hombres para referirse a los objetos mediante distinciones puntuales y rigurosas;[25] por el otro, suprimir de muchos objetos distinciones injustificadas hechas por los hombres a través de las palabras, que dan la impresión de estar refiriéndose a elementos propios y esenciales de estos objetos y que no es así en última instancia.[26]

 

Ciertamente el análisis de las palabras y de sus respectivas significaciones puede ser considerado por muchas personas un innecesario derroche de sutileza mental o un mero juego de distinciones nominales, sumamente abstractas;[27] pero la misma experiencia muestra que una distinción terminológica, por muy insignificante que parezca a simple vista, puede echar por tierra teorías filosóficas o hipótesis científicas  —incluso de gran popularidad en el mundo académico o de enorme reputación en el ámbito de las ciencias—  si está fundada en una “evidencia última” sobre el objeto o en un “dato originario” de la realidad, inexplicablemente pasados por alto por éstas.[28]

 

 

b. Intuiciones intelectuales

 

Con todo, el principal objetivo del método fenomenológico no es el “análisis de las palabras” y de sus respectivas “significaciones”, sino la aproximación de la mente humana a las esencias mismas de los objetos.[29] La tarea fundamental para la mente del hombre, como se ha dicho antes, es “ver” los objetos, “aprehender” sus esencias, “explorar” sus estructuras internas, “determinar” sus leyes necesarias, y esto no se puede hacer únicamente descomponiendo conceptos  —es decir, analizando palabras y escudriñando significados—  sino considerando los objetos como tales.

 

De hecho, ocurre con gran frecuencia que el acceso a las esencias de los objetos esté dado a la mente humana a través de “intuiciones intelectuales”[30] alcanzadas de éstos de manera inmediata, sin el concurso de las palabras y sus diversos significados; tal es el caso de fenómenos como los “colores” y los “sonidos” que se encuentran en el mundo físico[31] y de actos como “perdonar” o “conocer” que tienen lugar en el mundo psíquico.[32] Para muchos de estos objetos no hay en la mente del hombre “palabras” con qué significarlos adecuadamente, pero pueden estar ante ella con plena evidencia con toda la riqueza de su contenido.

 

Pero aunque el análisis de palabras y de significaciones fuese una tarea primordial para la inteligencia del hombre, éste no podría ser realizado adecuadamente por ella más que sobre la clarificación absoluta que le proporcionan dichas “intuiciones intelectuales”, pues la “fuente última” de evidencia sobre ellas no son otros conceptos nuevos o anteriores a los primeros, sino “los objetos mismos”.[33]

 

Según Reinach, sería equivocado pensar que estas “intuiciones intelectuales” acerca de los objetos son resultado de inspiraciones súbitas o iluminaciones repentinas que experimentan los hombres en ciertos momentos de su vida, semejantes a las “revelaciones místicas” que tienen lugar en el mundo religioso.[34] Éstas son alcanzadas por éstos, más bien, tras penosos esfuerzos de consideración de los objetos y pesados trabajos de distinción y clarificación realizados sobre ellos,[35] cosas ambas que no realizan los hombres de manera solitaria, sino en diálogo constante con sus semejantes, incluso con aquellos con los cuales se encuentran separados por el tiempo.[36]

 

Estas “intuiciones intelectuales” no son invenciones de la mente del hombre; tampoco son conjeturas o suposiciones de éste acerca de los objetos; más bien son “descubrimientos” que su mente hace de éstos, “hallazgos” sobre los objetos que el hombre hace mediante actos mentales específicos,[37] si bien la índole de estos últimos y su dinámica propia sea difícil de determinar con precisión.[38] Respecto a ellas, por ello, se habla propiamente de “visión” y de “aprehensión”  —esto es, de conocimiento—  y no de “determinación” o de “posición”.[39]

 

 

c. Independencia de la experiencia

 

Eso no significa para Reinach que dichas “intuiciones intelectuales” sean obtenidas por los hombres de la experiencia misma, si por ésta se entiende la “percepción sensible” de manera exclusiva.[40]

 

Ante todo, porque la percepción sensible remite a hechos individuales y contingentes, pero las “intuiciones intelectuales” hacen referencia a datos universales y necesarios.[41] La percepción sensible, además, puede tener lugar en la mente del hombre en diferentes grados de claridad y plenitud, mientras que las “intuiciones intelectuales” se hacen presentes en ella con evidencia absoluta.[42] Asimismo, mientras que con las “intuiciones intelectuales” hay siempre descubrimiento o no descubrimiento, con la percepción sensible hay, más bien, la posibilidad de engaño o error.[43]

 

Con la percepción sensible, dicho sea de paso, se accede a los objetos sólo desde un punto determinado de su ser, por el cual se alcanza ciertos aspectos de éstos pero no otros; por ello requiere, para alcanzar una “visión global” de los mismos, de sucesivas aproximaciones y observaciones, por un lado, y de continuos cambios de distancia y de perspectiva, por el otro.[44] En las “intuiciones intelectuales”, en cambio, los objetos son aprehendidos de manera frontal y total por la mente del hombre; los objetos están dados en ellas siempre completos y en forma directa a la inteligencia, si bien esto no anula en absoluto la posibilidad de ahondar cada vez más en lo aprehendido por ellas o en llegar a través de ellas a nuevas evidencias.[45]

 

En última instancia, según Reinach, las “intuiciones intelectuales” se diferencian de la percepción sensible en razón de su contenido; éste está conformado, como se ha dicho antes, por “esencias”  —y de “estados de cosas” fundados en ellas—  de naturaleza ideal, no empírica.[46] Lo que proviene de ellas, por eso, es independiente de la experiencia, no tiene su último sustento en ella. En razón de esto, Reinach denomina estos contenidos  —y al conocimiento adquirido de éstos por la mente humana—  a priori”,[47] si bien éste último concepto está lastrado históricamente de ciertos equívocos de no fácil superación filosófica, que Reinach se guarda muy bien en sortear con distinciones sutiles.

 

Como no es sencillo entender sin más de qué manera ciertos contenidos de la mente humana  —las “esencias” y los “estados de cosas” relativos a ellas—  son adquiridos por ésta sin el concurso de la percepción sensible, esto es, de la experiencia, muchos filósofos han pensado que esto es posible sólo porque tales contenidos se hallan ya de alguna manera germinalmente implícitos en el patrimonio del alma, del cual intentan sacarlos mediante sucesivas deducciones lógicas.[48] Otros, incluso, han llegado a pensar que su carácter universal y necesario es debido a ciertas estructuras constitutivas de la mente misma o que dependen en cierto sentido de los mismos actos mentales de los hombres.[49] Pero, en el fondo, estas concepciones constituyen grandes desaciertos que oscurecen, más que aclaran, el carácter fundamental de estas “intuiciones intelectuales”.

 

Las reflexiones elaboradas por Reinach, sin embargo, no permiten llegar a una clarificación última sobre estas complejas cuestiones. Sobre este punto, apenas se encuentran en sus escritos someras indicaciones necesitadas de ser desarrolladas ulteriormente con sumo detenimiento.[50] Su temprana muerte a los treinta y cuatro años de edad en la Primera Guerra Mundial impidió, por desgracia, la maduración de una de las concepciones de la fenomenología más interesantes e influyentes en los círculos de Gotinga y Munich a los pocos años de la aparición de las Investigaciones lógicas de Edmund Husserl.[51]


[1]
 Sobre los datos biográficos de Adolf Reinach puede consultarse el ensayo de Karl Schuhmann y Barry Smith “Adolf Reinach (1883-1917)” escrito como introducción a Adolf Reinach, Sämtliche Werke. Textkritische Ausgabe 2. Commentar und Textkritik; Philosophia, München, 1989; pp. 613-625

[2]
  p. 71

[3]
  p. 21

[4]
  Ver, por ejemplo, pp.22-25; 32-34; 37-40; 49-51; 71-72

[5]
  Reinach utiliza en su texto indistintamente las palabras “Intuition” (p. 71) y “Anschauung” (p. 36) para referirse a esta aprehensión “intelectual” de los objetos por parte del hombre. A veces emplea también fórmulas como “direkte Wesensschau” (p. 25), “reinen Wesenserfassung” (pp. 29, 31), “Wesenserschauung” (p. 31),  “direkte Erfassung des Wesens” (p. 32) o “direkte Wesenserfassung” (pp. 25, 33), “direkte Wesenserchauung” (p. 33), “direkte Erschauung der Idee” (p. 51). Cuando esta aprehensión intuitiva de los objetos es, sin embargo, absoluta, evidente, inequívoca, necesaria, Reinach emplea, en cambio, la palabra “Einsicht” (pp. 31, 34, 36, 54).

[6]
  Reinach utiliza en su texto indistintamente las palabras “Wesen” (pp. 22, 24, 27, 29, 30, 34, 51, 53, 56, 57, 58, 62, 68, 69, 70) y “Wesenheiten” (pp. 26, 27, 29, 31, 34, 39, 51, 54, 62, 70) para referirse a las esencias de los objetos, esto es, aquello que constituye su “qué” específico [Was] (p. 24), su “ser-así” característico [So-sein] (p. 24).

[7]
pp.33-40

[8]
  p. 22

[9]
  Al respecto, el ejemplo más claro que ofrece Reinach en su texto es el de las matemáticas (pp. 32-34), que no suele considerar los objetos mismos en su reflexión científica, sino más bien las “construcciones” y “teorías” que ha formulado sobre ellos al respecto. Ver  también lo que dice en la página 25

[10]
  p. 21

[11]
  Sobre la dificultad del hombre para “ver” los objetos con su mente y la necesidad de éste recuperar la “capacidad de ver”, leer las iluminadoras palabras escritas por Reinach en las páginas 22-25.

[12]
  Ver, al respecto, lo que dice Reinach sobre el matemático (pp. 32-34; 38-39), que sólo se aboca a computar, deducir y demostrar con su mente, bajo ciertas leyes lógicas  —perdido, como está, en la espesura de símbolos y signos—  pero nunca a “conocer” objetos.

[13]
  p. 21

[14]
  pp. 49, 50, 51, 71

[15]
  pp. 34, 39, 51, 54, 62, 68

[16]
Reinach llama a esta “penetración intelectual” de las esencias de los objetos “Wesenserkenntnis” (p. 53) o también “apriorische Erkenntnis” (p. 54; cf. pp. 52, 55, 60), por no estar fundada ni en las condiciones fácticas de los objetos (p. 51) ni en las condiciones empíricas de la experiencia humana (pp. 52-54). De ahí que la nota principal de este tipo de conocimiento sea una “necesidad del ser” (p. 56).

[17]
  pp. 45, 57, 58

[18]
pp. 25, 53

[19]
p. 53

[20]
p. 30

[21]
pp. 23-25

[22]
Ibídem.

[23]
p. 51

[24]
pp. 47-51

[25]
El autor menciona, en esta misma obra, los equívocos que suele haber, en el mundo de la psicología, con palabras tales como “psíquico” y “físico”, “real” e “irreal”, “objetivo” y subjetivo”, que influyen en demasía en la determinación del objeto mismo de la psicología (pp. 26-31). Asimismo hace referencia a muchas de las palabras a las que Edmund Husserl tuvo que hacer frente en sus Investigaciones lógicas para clarificar, lo mejor posible, problemas esenciales de la lógica, como “palabra”, “expresión”, “significación”, “representación” y otras (p. 49).

[26]
El caso más patente a que hace alusión el autor es el de los llamados “números ordinales”, que suelen colocarse al lado de los “números cardinales” como otra especie del mismo género cuando, en realidad, no es así (p. 48).

[27]
p. 49

[28]
pp. 49-50; cf. todo lo referente a los fenómenos “psíquicos” y “físicos” (pp. 26-29) y los “números ordinales” (pp. 40-49).

[29]
pp. 50-51

[30]
pp. 34, 36, 54; cf. p. 51

[31]
pp. 24, 29-30

[32]
pp. 30-31; 68-71

[33]
p. 51

[34]
p. 71

[35]
pp. 71-72

[36]
p. 72

[37]
pp. 53, 58-59

[38]
p. 53

[39]
p. 53

[40]
p. 52

[41]
pp. 52-53

[42]
pp. 52-54 cf. p. 60

[43]
pp. 58-60; cf. 54-55

[44]
pp. 52-53

[45]
pp. 53-54

[46]
pp. 51-52

[47]
pp. 52-61

[48]
p. 54

[49]
pp. 55-58

[50]
Muchos años después, el filósofo alemán Dietrich von Hildebrand, quien siempre se reconoció como inmediato deudor de Adolf Reinach  —intelectualmente hablando—  desarrolló ampliamente muchas de estas importantes ideas que su maestro dejó inconclusas en dos interesantes obras suyas: Der Sinn philosophischen Frangens und Erkennens, Peter Hanstein, Bonn, 1950 y Was ist Philosophie?, Habbel, Regensburg, 1976

[51]
Un ensayo bastante penetrante sobre la concepción del método fenomenológico desarrollado por Adolf Reinach es el de Stefano Besoli, “La ‘riscoperta dell’a priori’ nella fenomenologia di Reinach”, en: Il realismo fenomenologico. Sulla filosofia del circoli di Monaco e Gottinga, Quodlibet, Macerata, 2000; pp. 831-884

 

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