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Archive for 21 febrero 2009

Amor y responsabilidad*

Notas introductorias para su lectura

 

 

Karol Wojtyla publicó Amor y responsabilidad el mismo año en que salió a la luz su obra teatral El taller del Orfebre, esto es, en 1960. En ambas obras se hace del amor humano el “objeto” de reflexión intelectual y de contemplación espiritual: en la primera, desde el punto de vista de la filosofía; en la segunda, desde el punto de vista de la literatura. Mientras que El taller del Orfebre presenta el amor humano mediante sugerentes imágenes poéticas capaces de “tocar” el corazón del hombre con la verdad inherente a su belleza, Amor y responsabilidad presenta el amor humano a través de análisis meticulosamente desarrollados y de razonamientos cuidadosamente elaborados para “atraer” el asentimiento de la mente del hombre con la belleza de su verdad así expuesta.

 

Aunque el amor humano es el punto central de ambas obras, el dato de la realidad que cada una pretende esclarecer, el verdadero centro de ellas es, sin embargo, la realidad misma del hombre. El amor humano es el “fenómeno originario” a través del cual Wojtyla intenta desentrañar el “misterio” del hombre en su condición de ser personal. El amor humano, en su aspecto estético o noético, es el camino privilegiado para elucidar el carácter “personal” del hombre.

 

El descubrimiento del hombre como persona, desde esta perspectiva filosófica y literaria, permite comprender, en contraparte, el carácter “espiritual” que posee el amor humano, que lo distingue del mero impulso sexual (instinto) y la simple vivenciación psicológica (emoción). En la medida en que se aclara el carácter “personal” del hombre a través del análisis del amor humano se evidencia también la naturaleza “espiritual” del mismo amor humano.

 

 

Estructura de la obra

 

Amor y responsabilidad se compone de cuatro secciones y un apéndice, precedidos por una breve introducción. Cada sección se compone, a su vez, de diversos capítulos que, en su conjunto, dividen la obra en diez partes, exceptuando la introducción inicial y el apéndice final.

 

Como indica su mismo subtítulo, el libro es un “estudio de moral sexual”, en el cual se pretende desentrañar la naturaleza del amor humano desde diferentes puntos de vista con el objeto de descubrir su vinculación con la libertad humana, sintetizada en el concepto de “responsabilidad”. Aunque el autor se sustenta en una visión cristiana del hombre  —fundada, a la par, en la revelación divina y en la enseñanza de la Iglesia—  su punto de partida primario es la realidad misma del hombre que emerge frontalmente en la experiencia, la cual se explora rigurosamente con un método filosófico determinado y se expone con la mayor precisión racional posible. No se propone “fundamentar” su concepción sobre el amor humano en ninguna doctrina  —ni teológica ni filosófica ni científica—  sino “explorar” de tal manera el amor humano en la inmediatez de sus propios datos con la inteligencia que sea posible después, por un lado, entender la adecuación o inadecuación de ciertas teorías filosóficas, teológicas y científicas respecto a este fenómeno y, por el otro, apelar a los datos de la experiencia propia que están contenidos en la conciencia de cada hombre.

 

En la introducción[1] el autor se pregunta, entre otras cosas, si pueden hablar sobre el amor humano y el matrimonio entre un varón y una mujer aquellas personas que no se encuentran inmediatamente implicadas en estas cuestiones, como son los sacerdotes y los religiosos. Se plantea, pues, el problema de la “experiencia” como punto de partida para la comprensión adecuada de estas cuestiones. Asimismo, se pregunta por las relaciones significativas que existen entre la “doctrina” sobre el amor, la sexualidad y el matrimonio  —fundadas en la filosofía, pero también en la revelación divina y la enseñanza de la Iglesia—  con la “experiencia” que provienen de la vida cotidiana de los hombres. En otro momento se pregunta también si los planteamientos que normalmente se hace en los manuales tradicionales de filosofía y de teología sobre el amor, la sexualidad y el matrimonio desde el punto de vista biológico y psicológico son suficientes para entender adecuadamente estas complejas realidades humanas o están necesitados, más bien, de una integración exhaustiva en una visión personalista de las mismas.

 

En la primera sección[2] el autor examina el impulso sexual en relación con la dimensión “personal” del hombre, con el fin de comprender, por un lado, su dinámica natural y vislumbrar, por el otro lado, su carácter moral. La dinámica natural del impulso sexual se pone en evidencia, por un lado, en su capacidad para engendrar vida nueva mediante los actos generadores realizados con otra persona del sexo opuesto y, por el otro, en la capacidad de suscitar entre ambas personas experiencias interiores de satisfacción sensual y de complacencia emocional que las vincula subjetivamente de manera muy estrecha. El carácter moral del impulso sexual se hace presente cuando esta dinámica se inserta en la esfera del amor, que tiene a la persona  —y no al cuerpo de ésta—  como objeto de sus actos específicos. Este carácter tiene su presupuesto en el reconocimiento que el otro hombre con el cual se entra en relación a través del impulso sexual es precisamente una “persona”, esto es, un ser del mundo objetivo que posee una subjetividad propia que le permite configurar un rostro único mediante los actos específicos de su vida interior, como el conocimiento y la libertad; por esa razón se vuelve, para los actos de otra persona, un fin en sí mismo y no solamente un medio para sus propios objetivos.

 

En la segunda sección[3] el autor realiza un análisis metafísico, psicológico y moral del amor humano. A través de este análisis descubre que el amor trasciende el imponente dominio de la atracción sexual y el férreo señorío de la vinculación afectiva entre el varón y la mujer cuando se inscribe en las dinámicas propias de la razón y de la voluntad: la primera, aportando la claridad y el discernimiento que llevan el amor humano a la verdad de sí mismo; la segunda, aportando la determinación comprometida y firme que confieren al amor humano su estabilidad y permanencia dentro del tiempo. Ambas dinámicas tienen su punto de convergencia en el “juicio de valor” que formula el hombre sobre la dignidad ontológica de la otra persona del sexo opuesto con la cual entra en relación.

 

En la tercera sección[4] el autor aborda tres virtudes morales que permiten al hombre integrar su tendencia sexual en la esfera del amor, poniendo de relieve su carácter moral y, por lo tanto, personal: la castidad, como disposición general del hombre hacia la otra persona de sexo opuesto, mediante la cual se reconoce el valor ontológico que le corresponde de manera permanente, por encima de los valores sexuales de su cuerpo; el pudor, como salvaguarda del valor de la propia persona  —que se expresa y se pone también en riesgo en el cuerpo propio—  ante los comportamientos de otro hombre, como su mirada, sus palabras, sus caricias, sus actos sexuales; y la continencia, como disposición favorecedora de la entrega sexual de la propia persona a otra persona a través del dominio de los propios impulsos sexuales que podrían hacer del cuerpo de esta otra objeto sólo de delectación sensual.

 

En la cuarta sección[5] el autor trata del amor conyugal en su aspecto existencial, muy en consonancia con la doctrina tradicional de la Iglesia y la teología católica. Considera el amor conyugal, en primer lugar, como el encuentro entre un varón y una mujer que lleva a ambas personas a configurar un destino común de pertenencia y entrega recíproca (matrimonio) pero también, en segundo lugar, como un camino que ambas personas recorren juntas hacia el encuentro del “Otro” en el cual halla cumplimiento el deseo natural del hombre de ser amado de manera absoluta (vocación).

 

En el apéndice[6] el autor revisa de manera sumaria algunas cuestiones particulares relativas a la sexología contemporánea en su vinculación con la moral sexual esbozada en el libro, como el sexo, la tendencia sexual, la excitación sexual, las relaciones sexuales, la fecundidad, la procreación, la regulación de la natalidad (natural o artificial) y la salud psíquica del hombre respecto a la sexualidad.


*
 Fuente: Wojtyla, Karol, Amor y responsabilidad, Palabra, Madrid, 2008. Traducción de Jonio González y Dorota Szmidt.

[1]
pp. 19-23

[2]
pp. 25-87

[3]
pp. 89-172

[4]
pp. 173-252

[5]
pp. 253-318

[6]
pp. 319-351

 

 

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