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Archive for 31 mayo 2009

Antes del descubrimiento del psicoanálisis y de la formulación de éste como una ciencia nueva, Freud contaba ya con una amplia experiencia en el ámbito de la investigación científica. Con anterioridad a sus investigaciones psicoanalíticas, había hecho aportaciones de considerable importancia en el campo de la biología, la fisiología y la neurología, con las que  había ganado incluso cierto prestigio en el mundo académico de su tiempo, por su originalidad y precisión científicas.

 Lo anterior significa, a su vez, que estaba perfectamente familiarizado con los métodos de investigación científica vigentes en su época, en especial del método empírico-positivo, del cual eran variantes más o menos significativas los empleados en cada una de aquellas disciplinas estudiadas por él. El método empírico-positivo, de hecho, se consideraba en aquel tiempo el método por excelencia de las ciencias llamadas “de la naturaleza” (Naturwissenschaften). La observación minuciosa de múltiples casos, el empleo eficaz de instrumentos de gran alcance, la experimentación constante en el laboratorio, el dominio de las técnicas o de las sustancias auxiliares en la investigación, así como el intercambio continuo de ideas entre los miembros de la comunidad científica eran las cartas credenciales que acreditaban este método como procedimiento intelectual.

 Freud se introdujo al mundo de la investigación científica ya desde sus estudios universitarios en la Facultad de Medicina de la Universidad de Viena; primero, en el Instituto de Anatomía Comparada del profesor Carl Claus, en 1876; después, en el Instituto de Fisiología del profesor Ernst von Brücke, de 1876 a 1882. Graduado ya como médico, continuó su trayectoria científica de 1882 a 1886 en los diversos Departamentos del Hospital General de Viena  —en los cuales se realizaba a la par investigación científica y clínica médica—  con eminentes personalidades de la Medicina de entonces, como Theodor Billroth (Cirugía), Hermann Nothnagel (Medicina interna), Theodor Meynert (Neurología), Maximilian von Zeissl (Dermatología), Franz Scholz (Enfermedades Nerviosas). De octubre de 1885 a enero de 1886, tuvo oportunidad de realizar investigaciones de neurología infantil en el Hospital de La Salpêtrière, de París, con Jean Martin Charcot, así como la posibilidad de emprender estudios de enfermedades infantiles con Adolph Baginsky, en Berlín, de enero a marzo de 1886.

 Buena parte del trabajo científico que realizó Freud en aquellos años se encuentra reseñado en el sumario que debió preparar en 1897 para su candidatura como “profesor adjunto” (Professor extraordinarius) en la Universidad de Viena.[1] En éste da cuenta de las investigaciones que llevó a cabo antes y después de su nombramiento como “profesor adscrito” (Privatdozent)  —ocurrida en junio de 1885—  en los tres campos que se han mencionado: biología, fisiología y neurología.

Ya fuera del Hospital General de Viena, tuvo oportunidad de continuar sus investigaciones neurológicas en el Departamento de Neurología Infantil del Instituto Kassowitz, del cual fue director varios años, así como realizar de manera independiente otras investigaciones neurológicas sobre los distintos trastornos en la capacidad de hablar, que reciben el nombre general de “afasias”.

 A continuación se reseña con más detenimiento el trabajo científico realizado por Sigmund Freud en cada uno de estos lugares.

 

A. En el Instituto de Anatomía Comparada de Carl Claus

 Carl Claus (1835-1899) fue un biólogo muy conocido pero, sobre todo, respetado por sus investigaciones con animales. Nacido en Kassel, Alemania, estudió biología en la Universidad de Marburgo, primero y, posteriormente, la Universidad de Giessen, donde se doctoró bajo la dirección de Rudolf Leuckart. Trabajó en las Universidades de Wurzburgo y de Gotinga, hasta que fue llamado al Instituto de Anatomía Comparada de la Universidad de Viena para modernizar el Departamento de Zoología, mismo que, al poco tiempo, se encontró entre los mejores de toda Europa.

 Gracias a sus importantes relaciones, consiguió el financiamiento necesario para montar una estación de biología marina en la ciudad italiana de Trieste, ubicada en el norte del mar Adriático, en la frontera con Eslovenia. Con esos mismos recursos otorgó becas a alumnos destacados de la Universidad de Viena para hicieran experimentaciones en ella bajo su cargo.

 Freud fue uno de los beneficiados con tales becas e hizo su primera residencia en la estación marina en marzo de 1876. Su primera encomienda fue confirmar una observación ocasional de un investigador polaco llamado Simone Syrski en la cual se reconocía la presencia de gónadas (testículos) en las anguilas. Claus sostenía, sobre la evidencia empírica que se tenía hasta aquel entonces y al amparo de una gran tradición biológica al respecto, que las anguilas eran hermafroditas, por lo que la observación de Simone Syrski era de gran interés para él. El resultado de la investigación de Freud fue negativo; pero después de una segunda estancia, en la cual llegó a disecar cerca de cuatrocientas anguilas, Freud pudo confirmar parcialmente la observación de Syrski, pero sin llegar a resultados concluyentes. Presentó el resultado de estas investigaciones en un documento titulado “Observaciones sobre la morfología y estructura fina de los órganos lobulados de la anguila, descritos como testículos” (1877 b).

 

 B. En el Instituto de Fisiología de Ernst von Brücke

 Ernst von Brücke (1819-1892) estudió medicina en la Universidad de Berlín, su ciudad natal. Conocido como fisiólogo, aunque interesado también en la física, en su juventud había sido asistente de Johannes Peter Müller, importante fisiólogo alemán que tantas aportaciones hiciera en este campo. Junto con Emil Du Bois-Reymond, Hermann von Helmholtz y Heinrich Gustav Magnus fundó en 1845 la Sociedad Física de Berlín y, poco más adelante, también la Sociedad de Física de Alemania. En 1848 fue nombrado profesor de fisiología en la Universidad de Königsberg y al año siguiente fue llamado a la Universidad de Viena para presidir el Instituto de Fisiología. Su orientación era marcadamente positivista, lo cual dio a su investigación científica una impronta de rigor, precisión y profesionalismo, que rechazaba cualquier forma de especulación metafísica o mística sobre el hombre o la naturaleza.

 Freud trabajó en el laboratorio de Brücke de 1876 a 1882. Bajo su cargo realizó investigaciones sobre la estructura nerviosa de algunos animales, como el amocetes (petromyzon)  —forma larvaria de la lamprea de mar—  y el cangrejo de río. Sobre el amocetes publicó dos trabajos: el primero, “Sobre el origen de las raíces nerviosas posteriores en la médula espinal del amocetes (Petromyson planeri)” (1877 a); el segundo, “Sobre los ganglios raquídeos y la médula espinal del Petromyson” (1878 a). Del cangrejo escribió “Sobre la estructura de las fibras y de las células nerviosas en el cangrejo de río” (1882 a), cuyo contenido le sirvió de base para una conferencia que dio dos años después “Sobre la estructura de los elementos del sistema nervioso” (1884 f) en la Asociación Psiquiátrica. La importancia de estos trabajos reside en que allanaron el camino hacia la formulación de la teoría de la neurona de Heinrich Wilhelm Waldeyer, en 1891.

 Allí mismo se especializó en el refinamiento técnico de los preparados anatómicos del sistema nervioso, trabajo en el cual alcanzó cierta maestría y popularidad. Sobre esto escribió la “Noticia sobre un método para preparaciones anatómicas del sistema nervioso” (1879 a), que publicó en el Zentralblatt für die medizinische Wissenschafften de Viena.

 

 C. En el Hospital General de Viena

 Cuando en 1882 Freud dejó el Instituto de Fisiología por consejo del mismo Brücke, debido a lo costoso que era como profesión y a lo difícil que era garantizarse un puesto en la jerarquía académica de la Universidad, decidió incorporarse al Hospital General de Viena, para capacitarse en las disciplinas que fueran necesarias para ejercer la profesión de médico a nivel privado. Allí tuvo oportunidad de completar su formación médica con diferentes eminencias del mundo de la medicina, así como escribir importantes contribuciones científicas en varias disciplinas.

 

 a. Departamento de Psiquiatría

 En 1883 tuvo oportunidad de ser “asistente” (Sekundararzt) de Theodor Meynert (1833-1898) en el Departamento de Psiquiatría del Hospital General de Viena, después de la renuncia de Bela Harmath. Además de dirigir el Departamento de Psiquiatría del Hospital General de Viena, Meynert fue profesor titular de la Cátedra de Neurología en la Universidad de Viena desde 1875, donde conoció a Freud de estudiante.

 Meynert fue un gran conocedor de la anatomía del cerebro. Una de las mayores aportaciones en este campo fue la localización en diferentes partes del cerebro de específicas operaciones mentales humanas. Esto lo llevó a pensar en la posibilidad de encontrar relaciones consistentes entre las afecciones mentales de algunos hombres con determinadas lesiones de algunas partes de su cerebro. Las autopsias de muchos enfermos mentales le permitían sustentar estas afirmaciones. A Meynert se le conoce, por eso, como uno de los propulsores de la patoanatomía psiquiátrica alemana. Según Meynert, la psiquiatría es la ciencia de las enfermedades de la corteza cerebral, que tiene su punto de partida en los hechos anatómicos más elementales, pues consideraba que todas las perturbaciones emocionales y todas las confusiones mentales de las que trataba la psiquiatría no eran otra cosa más que alteraciones físicas del cerebro.

 Incluso para aquellas afecciones mentales para las cuales la autopsia no estaba en condición de demostrar lesión cerebral alguna como fundamentos de la misma  —las afecciones “funcionales” como las neurosis—  Meynert tenía una explicación bastante coherente que se basaba en la dinámica sanguínea del cerebro. Éstas se debían a una disminución del flujo sanguíneo que impedía el adecuado funcionamiento del cerebro, lo que ocasionaba la muerte de sus células y, por ende, la disfunción de los distintos procesos mentales.

 Según Meynert, si las lesiones cerebrales no provenían de accidentes concretos que afectaban su funcionamiento mental normal de las personas, éstas podrían deberse a malformaciones congénitas que provenían por herencia de los padres o de los abuelos, casos en los cuales la psiquiatría no tenía nada que hacer más que aliviar temporalmente los síntomas con masajes eléctricos, baños calientes o medicamentos anestésicos.

 Bajo el mando de Meynert, Freud realizó en el laboratorio experimentos de pigmentación de los tractos nerviosos (o “fibras nerviosas”) para permitir el estudio del sistema nervioso central, compuesto por el encéfalo y la médula espinal. Freud consiguió darles una coloración que iba del rojo hasta el azul mediante el tratamiento con cloruro de oro, una solución fuerte de soda y otra solución de yoduro de potasio al 10 %. Para ello, debía endurecer primero secciones finas del sistema nervioso central con cromato. Los resultados de esta investigación se encuentran documentados en el trabajo “Un nuevo método para el estudio de los tractos nerviosos en el sistema nervioso central” (1884 b), que apareció en el Zentralblatt für die medizinischen Wissenschaften de Viena. Una versión inglesa del mismo trabajo apareció publicada en la revista británica Brain: A Journal of Neurology con el título “Un nuevo método histológico para el estudio de los tractos nerviosos en el cerebro y la médula espinal” (1884 c). Cuando logró perfeccionar el método, escribió una versión más detallada para el Archiv für Anatomie und Physiologie de Leipzig, con el mismo título (1884 d).

En la misma época, impartió ante la Asociación Psiquiátrica una conferencia sobre “La estructura de los elementos del sistema nervioso” (1884 f), en la cual habló de sus estudios realizados antes de las células nerviosas del cangrejo de río.

 

 b. Departamento de Enfermedades Nerviosas

 En el Departamento de Enfermedades Nerviosas del Hospital General de Viena, a cargo de Franz Scholz  —quien desarrolló la técnica de las inyecciones subcutáneas y realizó además importantes investigaciones sobre la sífilis—  Freud llevó a cabo el seguimiento de un joven de dieciséis años, aprendiz de sastre, que tuvo un violento ataque de escorbuto, mismo que le dejó el cuerpo lleno de ronchas blancas y azules, producto de la hemorragia producida. Al día siguiente de su ingreso amaneció inconsciente y al poco tiempo le sobrevino una parálisis simétrica, después de la cual murió. El diagnóstico de Freud fue un derrame cerebral que afectó varias zonas del cerebro, mismo que la autopsia se encargó en confirmar. Su informe apareció publicado en el Medizinische Wochenschrift con el título “Hemorragia cerebral con síntomas basales focales indirectos en un paciente con escorbuto” (1884 a).

 Semejante a este caso, Freud documentó otros dos durante su estancia en el Departamento de Enfermedades Nerviosas: el primero, sobre “Un caso de atrofia muscular con perturbaciones extensas de la sensibilidad (siringomielia)” (1885 c); el segundo, sobre una “Neuritis múltiple aguda de los nervios espinales y craneanos”, (1886 a), ambos publicados en el Medizinische Wochenschrift, de Viena. El primero fue el caso de un hombre de treinta y seis años, de profesión hilandero, que padecía de parálisis parcial disociada de la sensibilidad, especialmente en la mano izquierda; después de seis semanas de tratamiento fue dado de alta. El segundo fue el caso de un hombre de dieciocho años, de oficio panadero, al cual se le diagnosticó una neuritis, esto es, una inflamación de los nervios periféricos, que se traducía en dolor de pecho y piernas muy fuertes; después se tradujo en una enorme sensibilidad en la columna vertebral cuando ésta era presionada, razón por la cual terminó por afectar los músculos de las extremidades. La autopsia confirmó el diagnóstico, al revelar que los nervios espinales de este paciente estaban inyectados en sus vainas. El primer caso fue atendido por Freud de noviembre a diciembre de 1884; el segundo, de octubre de 1884 hasta la muerte del paciente, en diciembre del mismo año.

 Durante su estancia en este Departamento  —la más larga en el Hospital General de Viena, pues duró catorce meses—  realizó también investigaciones histológicas sobre la médula oblonga, esto es, el bulbo raquídeo, que conforma la parte baja de encéfalo y se une a la parte superior de la médula espinal. Entre éstas se encuentran su “Noticia sobre el tracto interorlivar” (1885 b), “Sobre la relación del cuerpo restiforme con la columna posterior y su núcleo, con algunas puntualizaciones sobre dos campos del bulbo raquídeo” (1886 b) y “Sobre el origen del nervio acústico” (1886 c). En la primera habla de la trayectoria de las raíces del nervio acústico, así como de la conexión del tracto interolivar con el cuerpo del trapezoide. En la segunda, en cambio, se abordan los dos elementos en los que puede descomponerse el cuerpo del bulbo raquídeo: el “núcleo” (cuerpo restiforme primario) y la “orla” (cuerpo restiforme secundario). El primero, a su vez, se divide en dos partes: en una porción “cefálica” y en una porción “caudal”. En su parte externa, el bulbo raquídeo contiene los sistemas de fibras donde se originan los nervios sensitivos de las extremidades, el trigémino, el vago y el acústico. La tercera trata de las tres porciones en las que puede descomponerse en el nervio auditivo: la primera termina en el ganglio acústico; la segunda llega hasta la raíz auditiva “ascendente”; la tercera desemboca en el campo auditivo interno del bulbo raquídeo. Este estudio fue hecho sobre la base de preparados de fetos humanos.

 

 c. Sobre la cocaína

 Las investigaciones científicas más conocidas de este periodo son, sin embargo, las que Freud realizó en torno a la cocaína, de la cual se habían descubierto recientemente algunas propiedades anestésicas y su aportación como estimulante muscular.[2] Sobre este alcaloide Freud escribió varios trabajos, entre los cuales, el más conocido fue quizá el primero, “Sobre la cocaína” (1884 e), donde proporciona información bibliográfica y experimental del efecto estimulante que produce en el esfuerzo muscular de los hombres y la neutralización de ciertas funciones fisiológicas, como el hambre, la sed y el sueño. En este trabajo Freud deja entrever la utilidad de la cocaína en ciertas afecciones locales del cuerpo, debido a sus propiedades anestésicas. El ensayo contiene también una reseña de la utilización de este alcaloide en los indígenas de Sudamérica. Su “Contribución al conocimiento de los efectos de la cocaína” (1885 a) consistió en una demostración objetiva, dinamométrica, del incremento de la fuerza motora inducida por el estado de euforia producido por la cocaína, más allá de sus efectos subjetivos en los individuos. A éste siguió una conferencia que Freud impartió en la Sociedad de Psiquiatría “Sobre los efectos generales de la cocaína” (1885 b), en la que señala la aportación de la cocaína en la elevación de la sensación de bienestar de los hombres y su contribución en la superación de la debilidad nerviosa de los individuos. En el “Informe sobre la cocaína de Parke” (1885 e) Freud compara la preparación que esta compañía norteamericana hacía de este alcaloide con el fabricado por la compañía farmacéutica alemana Merck, que era la que hasta la fecha había estado empleando él. Por último, en los “Complementos a «Sobre la cocaína»” (1885 f), escritos como apéndice a la reimpresión de su primer trabajo, analiza los efectos de la cocaína en los adictos a la morfina y vuelve a aludir en los efectos anestésicos locales de ésta. Dos años más tarde, en respuesta a las críticas que circulaban en el Hospital General de Viena sobre el empleo desmedido que había estado realizando Freud con algunas personas  —él mismo, su novia Martha Bernays y su amigo Ernst Fleischl von Marxow, quien era adicto a la morfina y después se convirtió en adicto a la cocaína, en razón de los dolores que padecía éste por una vieja afección producida por la amputación de un dedo—  publicó sus “Puntualizaciones sobre la cocainomanía y cocainofobia (A propósito de una conferencia de W. A. Hammond)” (1887 d).

 

 D. En el Departamento de Neurología Infantil del Instituto Kassowitz

 En el Instituto Kassowitz, especializado en enfermedades infantiles, en el cual fue el director del Departamento de Neurología Infantil por varios años, Freud realizó igualmente algunas investigaciones neurológicas de cierta relevancia.

 En el primero de ellos  —“Sobre hemianopsia en la niñez temprana” (1888 a)—  Freud aborda la pérdida de la mitad del campo visual (hemianopsia) de niños de dos a tres años y medio ligada, presumiblemente, a una parálisis cerebral unilateral, si bien este problema no se había tratado antes en la bibliografía científica. El segundo trabajo  —“Estudio clínico sobre la hemiplejía cerebral en los niños” (1891 a) —  trata sobre el problema de la parálisis cerebral infantil (hemiplejía) desde diferentes puntos de vista, que va desde la historia y la bibliografía de este problema, el análisis de sus diferentes síntomas, el diagnóstico diferencial de este problema y la anatomía patológica que le corresponde; todo ello sobre la base que proporcionan cierto número de casos clínicos. Los apartados más interesantes de este trabajo  —y también las más polémicas—  son los relativos al vínculo que hay entre la parálisis cerebral y la epilepsia y el de la existencia de una poliencefalitis aguda como base anatómica de la parálisis cerebral, a semejanza de la poliomielitis infantil. El trabajo “Sobre un frecuente síntoma concomitante de la enuresis nocturna en el niño” (1893 g)  —al que Freud calificó despectivamente como “una bagatela” en su correspondencia con Wilhelm Fliess[3]—  señala que en niños que padecen de incontinencia durante las noches (enuresis nocturna) se observa a su vez un aumento del tono muscular de sus extremidades inferiores (hipertonía), si bien el nexo entre ambos fenómenos no es del todo claro.

 El “Relato sobre las diplejías cerebrales de la infancia (en conexión con la enfermedad de Little)” (1893 b)  —que, de alguna manera es continuación del segundo trabajo mencionado antes—  aborda el problema de las lesiones motoras que tienen lugar antes, en y después del nacimiento en los niños, y que afecta principalmente las extremidades inferiores, más que las superiores (como había comprobado William Little); el trabajo también se aborda desde la historia y la bibliografía del problema, el análisis de los diferentes síntomas, su anatomía patológica y la fisiología que le corresponde, a partir de la observación de muchos casos clínicos. Una de las conclusiones a las que llega el trabajo es que la etiología de este problema no puede considerarse finalmente único, por lo que hay que tomar en cuenta simultáneamente traumas vividos por la madre antes del nacimiento, el parto prematuro con asfixia durante el nacimiento, la contracción de enfermedades infecciosas después del nacimiento e incluso la herencia familiar. De este trabajo se publicó una versión en francés resumida (1893 e) en la Revue Neurologique. En conexión a ambos trabajos se encuentra también “Sobre las formas familiares de diplejías cerebrales” (1893 d), en el que se aborda el caso de dos hermanos de seis y cinco años respectivamente, en los que se observa el surgimiento de esta parálisis cerebral a partir del nacimiento, en uno, y del segundo año, en el otro. La sintomatología en ambos niños estaba compuesta de estrabismo convergente, palabra monótona, debilidad espástica en las piernas, atrofia del nervio óptico, etc.

 El último trabajo neurológico de Freud en esta línea  —“La parálisis cerebral infantil” (1897 a) —  fue escrito a petición de Hermann Nothnagel para el Handbuch der Arzneimittellehre que él dirigía. Aunque en principio se trataba de un resumen de los trabajos sobre la hemiplejía y la diplejía cerebrales mencionados antes, este trabajo era acompañado por una extensísima bibliografía que comprendía más de cuatrocientas entradas. Si bien Freud invirtió varios años en su confección, en sus cartas enviadas a Wilhelm Fliess del periodo confiesa despectivamente su indiferencia por esta obra.[4]

 

 E. Trabajos neurológicos independientes

 En el catálogo científico de Freud es posible encontrar todavía una serie de trabajos neurológicos que escribió, la gran mayoría, para ser publicados en obras colectivas de distinta índole.

 Entre ellas destaca, por su extensión, pero también por su contenido, el libro “La concepción de las afasias” (1991 b), que dedicó a Josef Breuer.[5] En éste se propone revisar críticamente las concepciones tradicionales sobre las perturbaciones del lenguaje (afasias) que, a partir de las investigaciones de Paul Broca (1824-1880) y Carl Wernicke (1848-1904), eran consideradas consecuencias de lesiones cerebrales específicas; el primero estudió la pérdida de la capacidad de hablar a partir de una lesión de la tercera circunvolución del lóbulo frontal izquierdo del cerebro y el segundo la pérdida en la capacidad de entender las palabras habladas a partir de una lesión en la parte posterior de la primera circunvolución del lóbulo temporal del cerebro. A esta concepción “tópica” de las afasias, Freud opone en su libro una concepción “funcional” de las mismas y, por lo tanto, no una explicación fisiológica sino, más bien, psicológica. Reconoce, de hecho, que la explicación fisiológica apenas “roza” el inmenso campo del lenguaje, ya que éste no puede reducirse tan sólo a los centros cerebrales del lenguaje. Este rechazo de Freud de la concepción fisiológica de las afasias no se sustenta únicamente en consideraciones de tipo psicológico, sino también anatómico; por ello propone revisar a fondo las teorías sobre el cerebro de Theodor Meynert, sobre cuya base se sustentan las aportaciones de Wernicke.

 Para el Handwörterbuch der gesamten Medizin de Albert Villaret escribió Freud dos artículos sobre parálisis infantiles, dos artículos sobre fenómenos histéricos y otros dos sobre anatomía cerebral y sobre las afasias, si bien la autoría de Freud respecto a algunos de ellos es incierta, porque en esta obra los artículos aparecen publicados sin el nombre del autor. Con todo, el contenido de éstos coincide en gran medida a los contenidos de otros trabajos de las mismas fechas escritos por Freud. Los primeros son “Parálisis infantiles” y “Parálisis” (ambos de 1891 c); los otros dos son “Histeria” e “Histeroepilepsia” (de 1888 b) y, los dos últimos son: “Afasia” y “Cerebro (I. Anatomía del cerebro)” (de 1888 b).

 La última colaboración de Freud escrita por estas fechas para una obra de divulgación científica fue para el Therapeutisches Lexikon de Anton Bum, con la voz “Hipnosis” (1891 d), texto del cual se llegó a conocimiento de su existencia hasta 1963, después del descubrimiento que hiciera del mismo el doctor Paul Cranefield, director del Boletín de la Academia de Medicina de Nueva York.

 

 F. Traducciones y reseñas de este periodo

 El trabajo científico de Freud no sólo consistió en la elaboración de investigaciones originales en diversos campos de la medicina, sino se prolongó también en la “traducción” de obras científicas de importantes autores extranjeros y en la “recensión” de libros científicos de aparición más o menos reciente.

 

 a. Las traducciones

 La actividad de traducir, dicho sea de paso, fue una práctica muy común entre muchos científicos en aquellas épocas y Freud la desarrolló con notable competencia debido, en primer lugar, a su gran  dominio de lenguas extranjeras (hablaba con cierta soltura el inglés, el francés y el español, y conocía bastante bien el griego y el latín) y, en segundo lugar, a su basta documentación bibliográfica (en razón a las múltiples relaciones personales y académicas que tuvo y a su irrefrenable afán de saber que lo llevaba prácticamente a leer de todo).

 Las primeras traducciones que realizó Freud siendo todavía estudiante (1880 a) fueron para las “obras completas” de John Stuart Mill que por entonces estaba editando en alemán el famoso humanista e historiador del pensamiento antiguo Theodor Gomperz. Éstas fueron “Über Frauenemancipation” (Enfranchisement of Women, 1851), “Plato” (Plato and the Other Companions of Sokrates, 1866), “Die Arbeiterfrage” (Thorton on Labour an its Claims, 1869) y “Der Sozialismus” (Chapters on Socialism, 1879), que se encuentran todas en el tomo 12 de estas obras completas.

 Después de su encuentro con Charcot en la Salpêtrière e impresionado por la originalidad de éste en la forma de abordar las enfermedades nerviosas, se dio a la traducción de su libro todavía inédito Leçon sur les maladies du système nerveaux, que aparecería en alemán de hecho antes que la edición francesa (1887) con el título Neue Vorlesungen über die Krankheiten des Nervensystems inbesondere über Hysterie (1886 f), misma que fue acompañada de un breve prólogo y algunas notas. Poco antes Freud había publicado de esta misma obra un capítulo dedicado a la histeria masculina (“Sur un cas de coxalgie hystérique de cause traumatique chez l’homme”) en el Medizinische Wocheschrift de Viena con el título “Über einem Fall von hysterischer Coxalgie aus traumatischer Ursache bei einem Manne” (1886 e). Pero quizá la traducción más importante de Freud sobre Charcot fue la que realizó entre los años 1892 y 1894 del primer tomo de sus Leçons du mardi à la Salpêtrière (1887-1888), con el título Poliklinische Vorträge.

 De la época de sus investigaciones sobre la sugestión hipnótica aplicada a la terapia de la histeria data la traducción  —acompañada de un extenso prólogo y abundantes notas— del libro de Hippolyte Bernheim De la suggestion et de ses applications à la thérapeutique (1886), aparecida en alemán con el título Die Suggestion und ihre Heilwirkung entre los años 1888-1899, a la cual habría de seguir, cuatro años después, la traducción de Hypnotisme, suggestion, psichothérapie: études nouvelles (1891), con el título alemán Neue Studien über Hypnotismus, Suggestion und Psychotherapie (1892 a).

 

 b. Las recensiones

 En torno a la cuestión de la sugestión hipnótica se encuentra la extensa recensión que Freud hizo del libro del psiquiatra suizo Auguste Forel titulado  Der Hypnotismus, Seine Bedeutung und Seine Handhabung. Ésta apareció en el Medizinische Wochenschrift de Viena el 13 de julio y el 23 de noviembre de 1889. A caballo entre ambas apariciones, Freud realizó el viaje hacia Nancy en el cual conoció a Hippolyte Bernheim y a Auguste Liébeault y aprendió con ellos un poco más sobre la técnica de la hipnosis. Parte de la razón de ese viaje se encuentra, precisamente, en el libro de Forel que reseñó en estas fechas.

 Pero el número mayor de recensiones que Freud escribió en el periodo anterior al descubrimiento del psicoanálisis se concentran principalmente en el campo de la neurología y se concentran todas en el año de 1887. Éstas son, en orden cronológico: “La neurastenia aguda”, de H. Averbeck (1887 a); “El tratamiento de ciertas formas de neurastenia e histeria”, de S. Weir Mitchell (1887 b); “Orientación para el estudio de los órganos centrales del sistema nervioso en el estado de salud y en el patológico”, de H. Obersteiner (1887 e); todas ellas aparecidas en el Medizinische Wochenschrift de Viena. A éstas siguieron: “Contribución a la técnica de coloración de nervios”, de J. Pal (1887 g); “Contribuciones al conocimiento de las vías de conducción en la médula espinal”, de A. Borgherini (1887 h); Sobre las relaciones recíprocas entre los núcleos de origen de los nervios motores oculares”, de J. Nussbaum (1887 i); éstas últimas se publicaron en el Neurologische Zentralblatt de Viena.

 De todas estas recensiones, las únicas que tienen cierto interés para la historia del psicoanálisis son las dos primeras, porque en ellas se aborda el problema de la neurastenia y la dificultad de abordarla científicamente (la primera) y el procedimiento terapéutico para la histeria, basado simultáneamente en el reposo en cama, el aislamiento del paciente, una dieta adecuada a éste y la aplicación regulada en él de masajes eléctricos (la segunda), cuestiones ambas en las que Freud se encontraba enfrascado en esos tiempos.

 


*  El presente texto es un fragmento del trabajo que, para concluir los estudios de Maestría en “Ciencias Médicas (Teoría psicoanalítica)” en la Universidad Popular Autónoma del estado de Puebla, escribí sobre El psicoanálisis de Sigmund Freud: Una reflexión filosófica sobre su carácter científico.
[1]  Sigmund Freud, “Sumario de los trabajos científicos del docente adscrito Dr. Sigmund Freud” (1897 b), en: Obras completas, tomo III; Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1978; pp. 219-248. Todas las referencias a trabajos escritos por Freud durante este periodo están tomadas de este “sumario”, por eso ya no se indican a pie de página en cada uno.
[2]  Sobre esta sustancia, toda la información necesaria se encuentra en: Sigmund Freud, Escritos sobre la cocaína, Edición y prólogo de Robert Byck; notas de Anna Freud, Anagrama, Barcelona, 1999. Traducción de Enrique Hegewicz
[3]  La carta se encuentra documentada en tres fuentes distintas: Sigmund Freud, Obras completas, tomo I; ordenamiento, comentarios y notas de James Strachey, con la colaboración de Anna Freud, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1985, (carta 15). Traducción del alemán de José Luis Etcheverry.  Sigmund Freud, Los orígenes del psicoanálisis, Alianza Editorial, Madrid, 2007 (carta 15). Traducción de Ramón Rey Ardid; Sigmund Freud, Cartas a Wilhelm Fliess (1887-1904), edición completa preparada por Jeffrey Moussaieff Masson a partir de la transcripción de los manuscritos originales realizada por Gerhard Fichtner y la preparación para la imprenta de los textos en alemán hecha por Michel Schröter, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 2008 (carta 30). Traducción de José Luis Etcheverry.
[4]  Cf. Sigmund Freud, Los orígenes del psicoanálisis, Alianza Editorial, Madrid, 2007, carta 15; cf. Sigmund Freud, Cartas a Wilhelm Fliess (1887-1904), Amorrortu Editores, Buenos Aires, 2008, carta 30; cf. Sigmund Freud, Obras completas, tomo I, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1978, carta 15
[5]  La afasia, Nueva Visión, Buenos Aires, 2004.
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