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Archive for 31 enero 2012

El pasado 26 de enero se cumplieron treinta y cinco años de la desaparición del pensador alemán Dietrich von Hildebrand, cuyo pensamiento ha jugado un importante papel en mi formación filosófica. Como homenaje hacia su persona, presento una breve reseña biográfica y bibliográfica con el fin de introducir una serie de estudios sobre sus principales aportaciones filosóficas que espero ir publicado más adelante.

 

* * *

Dietrich von Hildebrand nació el 12 de octubre de 1889 en la ciudad de Florencia. Fue el sexto hijo  —y el único varón—  del afamado escultor y ensayista del arte Adolf von Hildebrand y de Irene Schäuffelen, mujer de gran sensibilidad y de extraordinaria cultura. Pasó su infancia en la bella ciudad italiana, donde sus padres tenían como propiedad un ex-convento de frailes menores llamado precisamente “San Francesco”. Al acercarse a la adolescencia, empero, su familia decidió vivir también en la pródiga ciudad de Múnich la mitad del año, donde sus padres habían construido una lujosa mansión.

Sus cinco hermanas mayores  —Eva, Elisabeth, Irene, Sylvie y Bertel—  sobresalieron por sus notables talentos artísticos (y, en algunos casos, por su excepcional belleza física). Eva, por ejemplo, tocaba el piano con destreza y bailaba con encanto; Elisabeth fue pintora destacada en su tiempo e Irene fue una reconocida escultora como su padre; Sylvie tenía una gran sensibilidad para la literatura y Bertel fue una apasionada de la música (ésta última se casó con el famoso compositor Walter Braunfels, pero había mantenido antes relaciones sentimentales con los directores de orquesta Hermann Levi y Wilhelm Furtwängler; la otra hermana se desposó con el pintor belga Georges Baltus).

Su educación elemental corrió a cargo de preceptores privados, que sus padres hacían vivir en Múnich o en Florencia según el caso. Entre ellos se contaban  —además de Mademoiselle Böhrer, el Dr. Wühl y el Dr. Rietzler—  el arqueólogo Ludwig Curtius y el pedagogo Aloys Fischer, que más adelante sobresalieron en sus respectivos campos científicos. Con ellos estudió historia, filosofía y música y aprendió tanto el francés como el inglés, idiomas que llegó muy pronto a hablar con tanta fluidez como el italiano y el alemán.

A los quince años conoció los diálogos de Platón  —cuyo idioma original sabía leer—  enamorándose desde entonces de la filosofía. Por eso, cuando en 1906 alcanzó la madurez académica a la edad de diecisiete años, no fue nada extraño que se matriculase en la Universidad de Múnich para estudiar filosofía, a pesar de la oposición de sus padres. Allí conoció a Theodor Lipps, psicólogo y filósofo de orientación “psicologista”, cuyas magistrales lecciones por un lado, y su imponente personalidad por el otro, causaron gran impresión en él. Desde el comienzo de sus estudios acudió a las reuniones semanales del Akademischer Verein für Psychologie  —grupo de estudio fundado en 1894 por Theodor Lipps—  para participar en sus discusiones filosóficas y psicológicas con gran entusiasmo. A través de las actividades de la asociación entró en contacto con los profesores Alexander Pfänder y Moritz Geiger por cuyo concurso conoció las Investigaciones lógicas de Edmund Husserl, obra que jugarían un importante papel en su posterior evolución intelectual.

A mediados de 1907 trabó amistad con quienes habrían de ser las personalidades más influyentes en su pensamiento por el resto de su vida: Max Scheler, quien comenzaba ese año su carrera académica en la Universidad de Múnich; y Adolf Reinach, quien apenas tres años atrás se había doctorado en filosofía y estaba por concluir los estudios de leyes que posteriormente había emprendido. Si del primero le atrajeron tanto la genialidad filosófica como la personalidad carismática que trasformaba en nuevo e interesante cualquier aspecto de la realidad que abordara en su conversación, del segundo le cautivaron la claridad mental y el rigor intelectual por un lado, y la estatura moral y la ausencia de prejuicios por el otro, que lo disponían al encuentro con la verdad sobre cualquier cosa que reflexionara.

Dos años después, en el verano de 1909, decidió continuar su formación filosófica en la Universidad de Gotinga con Edmund Husserl, cuyos esfuerzos por encontrar una fundamentación objetiva para el conocimiento y sus encarnizadas luchas en contra toda forma de relativismo epistemológico lo habían conquistado. Con él, además de aprender con maestría los principios del método fenomenológico durante los tres años que estuvo en Gotinga obtuvo el doctorado en filosofía en 1912 con la disertación Die Idee der sittliche Handlung, a la que Husserl no dudó en calificar de “opus eximium” por la penetración de sus análisis y la profundidad de sus intuiciones, así como por el rigor de sus argumentos.[2] Este trabajo fue publicado en 1916 en el volumen tercero del Jahrbuch für Philosophie und phänomenologische Forschung  —órgano de difusión del movimiento fenomenólogico—  que había sido fundado tres años antes por Edmund Husserl en colaboración con Alexander Pfänder, Moritz Geiger, Max Scheler y Adolf Reinach.[3]

El mismo año que se trasladó a Gotinga  —verano de 1909—  Adolf Reinach había comenzado a dar clases en la Universidad de esta ciudad como Privatdozent, después de haber obtenido su habilitación para la docencia con un trabajo sobre la naturaleza y la teoría del juicio (ahora perdido) bajo la supervisión de Husserl. Los cursos de ética tomados con Reinach ese año y los seminarios impartidos por éste sobre Platón y Descartes el año siguiente no sólo fueron para él muestras acabadas de análisis fenomenológicos, sino también ocasiones para profundizar en una forma de practicar la fenomenología que poco a poco lo llevaron a apartarse de forma crítica del pensamiento de Husserl, cuyo giro hacia el idealismo se fue haciendo más notorio por aquellos años. En 1911 colaboró con Theodor Conrad en la fundación de la Göttinger philosophische Gesellschaft  —grupo de estudio análogo al que había participado en Múnich—  donde habrían de reunirse los alumnos más destacados de Husserl de aquel tiempo: Jean Héring, Siegfried Hamburger, Hedwig Martius (quien se casaría años más tarde con Theodor Conrad), Alexander Koyré y Roman Ingarden.

Los años en torno a la elaboración de su disertación doctoral fueron muy importantes para él desde el punto de vista personal. En 1912 contrajo matrimonio con Margarete Denck y ese mismo año nació su único hijo, llamado Franz en honor a Francisco de Asís, santo por el cual tenía una especial devoción. En 1914 se convirtió a la Iglesia Católica junto con su esposa, culminando de esta manera un largo proceso de maduración espiritual que comenzó en 1907 al encontrarse con Max Scheler, quien le abrió el mundo de las realidades religiosas  —como la “santidad” y lo “sagrado”—  con sus conversaciones.

Con el estallido de la Primera Guerra Mundial ese mismo año, se trasladó a Múnich para cumplir sus deberes militares como voluntario, primero en una unidad de la Cruz Roja, después en un hospital de la misma ciudad. A principios de 1916 fue madurando en su mente la idea de habilitarse para la docencia en la Universidad de Múnich con el objeto de dedicarse a la enseñanza filosófica apenas terminase la guerra. En el escaso tiempo que le dejaban sus obligaciones militares escribió la disertación Sittlichkeit und etische Werterkenntnis durante todo el año de 1917 bajo la guía del historiador de la filosofía medieval Clemens Baeumker, presentando su examen de defensa en julio de 1918. Este trabajo se publicaría más tarde  —en 1922—  en el quinto volumen del Jahrbuch für Philosophie und phänomenologische Forschung.[4] En agosto de 1918 pronunció la “lección inaugural” con la cual quedaba formalmente admitido al claustro de profesores de la Universidad, eligiendo como tema para ese evento “Vom Wesen der Strafe”;[5] Alexander Pfänder fue el encargado de darle la bienvenida al nuevo miembro a nombre de los docentes.

En los quince años que fue profesor en la Universidad de Múnich pronunció un gran número de conferencias sobre distintos temas tanto en su país de origen como en el extranjero, teniendo la oportunidad  —a partir de ello—  de trabar amistad con grandes personalidades del mundo intelectual católico, como los filósofos franceses Jacques Maritain y Etiénne Gilson, los historiadores del medioevo Martin Grabmann y Josef Pieper, los teólogos jesuitas Erich Przywara y Otto Karrer, el futuro Papa Pío XII  —entonces nuncio en Alemania—  Eugenio Pacelli, el superior general de los jesuitas Wlodomir Ledochowsky, el cardenal primado de Alemania Michael von Faulhaber, el fundador de la Asociación de Académicos Católicos Franz Xavier Münch, así como importantes políticos y miembros de la nobleza. A muchos de ellos tuvo oportunidad de recibirlos en su propia casa donde, desde 1924, se hacían con regularidad veladas culturales en las que se discutían importantes temas filosóficos y teológicos.[6]

De esas conferencias y de esas veladas surgieron los primeros libros escritos por él; en primer lugar, Reinheit und Jungfraulichkeit en 1927;[7] en segundo lugar, Die Ehe en 1929[8] y, en tercer lugar, Metaphysik der Gemeinschaft en 1930.[9] Asimismo, una parte representativa de sus ensayos filosóficos de aquella época está recogida en el libro Zeitliches im Lichte des Ewigen, publicado en 1932.[10] Entre esos ensayos se encuentran los que escribió tras la repentina muerte de Max Scheler en 1928, en los que hace un balance objetivo y crítico de sus concepciones filosóficas, deslindándose a su vez de éstas.[11]

Para poner a salvo a su familia de la persecución Nazi que se desató en contra suya apenas Adolf Hitler se convirtió en Canciller de Alemania  —pues desde 1921 se había encargado de poner a descubierto el peligro que representaba el Nacionalsocialismo desde el punto de vista cristiano y político—  en 1933 huyó hacia Austria, donde fundó una revista llamada Der christliche Ständestaat con la ayuda técnica del periodista Klaus Dorhn y la aportación económica del canciller austríaco Engelberg Dollfuss, donde denunciaba los riesgos que implicaba para los países de habla alemana el poderío creciente del partido nacionalsocialista. Ese mismo año de su forzado exilio publicó los libros Liturgie und Persönlichkeit[12] y Sittliche Grundhaltungen[13]  —que ya tenía preparados para la imprenta—  y escribió el libro Der Sinn Philosophische Fragens und Erkennens, que vio la luz hasta 1950 en razón de la difícil situación política que se estaba viviendo en aquel entonces.[14] Tras el asesinato del canciller Dollfuss a mano de los nazis austríacos, desde 1935 debió impartir clases en la Universidad de Viena para sustentar a su familia, hasta que en 1938 tuvo que huir nuevamente debido a que los Nazis invadieron Austria y tomaron el control de todo el país.

Después de esconderse en diversos países de la región, durante un año se instaló en Suiza y después se refugió en Francia, donde impartió clases en la Universidad Católica de Toulouse alrededor de otro año. Durante ese tiempo de grandes pruebas morales y duras estrecheces económicas  —los nazis habían incautado todos los bienes de su familia y lo habían reducido a la miseria—  escribió uno de los libros espirituales más bellos que salieron de su pluma, que contrasta en su tono con las terribles condiciones de la época: Die Umgestaltung in Christus, publicado en 1940 con el seudónimo de Peter Ott para que los Nazis no impidieran su aparición en Alemania.[15] Cuando éstos finalmente se apoderaron también de Francia, alcanzó a escapar milagrosamente hacia Portugal a través de España  —no sin antes sortear grandes peligros en el trayecto—  para trasladarse en barco hacia Estados Unidos, país al que llegó a finales de 1940. A partir de entonces comenzó la segunda parte de su vida.

Instalado en New York, obtuvo un puesto de profesor en la Universidad de Fordham, donde impartió diversos cursos de filosofía, principalmente de ética, teoría del conocimiento y estética. También desarrolló una frenética actividad de escritor, publicando, en el lapso de pocos años, una buena cantidad de obras filosóficas de gran nivel intelectual. Publicó, en 1952, Christian Ethics;[16] en 1953, The New Tower of Babel;[17] en 1955, Die Menschheit am Scheideweg. Gesammelte Abhandlungen und Aufsätze[18] y True Morality and Its Counterfeits;[19] en 1957, Graven Images. Substitutes for True Morality[20] y, en 1960, What is Philosophy?.[21]

Después de su jubilación, ocurrida en 1960, se ocupó en redactar varias obras en las que estaba trabajando desde varios años atrás. Entre ellas se encontraban, por ejemplo, Mozart – Schubert – Beethoven, de 1962,[22] Not As The World Gives, de 1963;[23] The Sacred Heart. An Analysis of Human and Divine Affectivity, de 1965;[24] The Art of Living, de 1965;[25] Man and Woman, de 1966;[26] Heiligkeit und Tüchtigkeit – Tugen heute, de 1969.[27]

Como cristiano comprometido, expresó sus hondas preocupaciones por la integridad de la fe católica en el mundo contemporáneo  —como consecuencia de la crisis religiosa que se desató en la Iglesia después de la conclusión del Concilio Vaticano II—  en una serie de obras polémicas y de espíritu combativo, como Trojan Horse in the City of God, de 1967;[28] Die Enzyklika “Humanae Vitae”. Ein Zeichen des Widerspruchs, de 1968;[29] Zölibat und Glaubenskrise, de 1969;[30] Der verwüstete Weinberg, de 1973.[31]

En vistas a la publicación de sus principales obras filosóficas en una colección de escritos  —promovida por la “Dietrich von Hildebrand Gesellschaft” fundada en su honor—  ocupó los últimos años de su vida en revisar y reeditar algunas obras antiguas, en supervisar la traducción a su lengua materna de otras escritas originariamente en inglés y en redactar a gran velocidad las últimas que tenía en mente. De esta manera surgieron los diez volúmenes de sus Gesammelte Werke, que ya no pudo ver publicados en su totalidad porque el 26 de enero de 1977 le sobrevino la muerte, a la edad de ochenta y ocho años.

Entre las obras revisadas o reeditadas se encuentran, por ejemplo, Die Umgestaltung in Christus (volumen X),[32] Metaphysik der Gemeinschaft (volumen IV)[33] y Liturgie und Persönlichkeit (volumen VII, primera parte),[34] así como una serie de escritos breves tomados de su vasta producción ensayística (reunidos en la segunda parte de los volúmenes VII[35] y VIII[36]). Las obras traducidas fueron, en cambio, Ethik (volumen II, hecha a partir de la segunda edición inglesa del mismo año),[37] Wahre Sittlichkeit und Situationsethik (volumen VIII, primera parte),[38] Substitute für wahre Sittlichkeit (volumen VII, primera parte)[39] y Was is Philosophy? (volumen I, realizada a partir de la segunda edición inglesa de 1973).[40] Sobre las obras nuevas escritas por él, aparecieron en vida: Das Wesen der Liebe (volumen III)[41] y Ästhetik 1 (volumen V);[42] de forma póstuma, en cambio: Moralia (volumen IX)[43] y Ästhetik 2 (1984, volumen VI).[44]

También aparecieron de forma póstuma y como obras independientes dos ensayos de regular tamaño que vinieron a coronar, por un lado, su ingente producción intelectual y, por el otro, conformaron el legado más rico de su vida personal: Über die Dankbarkeit, en 1980;[45] y Über den Tod, igualmente en 1980.[46]


[1] La fuente principal que he empleado para elaborar esta reseña biográfica es el libro escrito por la esposa de Dietrich von Hildebrand sobre la base de apuntes personales que este filósofo le fue escribiendo hacia el final de su vida: Hildebrand, Alice von, Alma de león. Biografía de Dietrich von Hildebrand, Palabra, Madrid, 2002; de ella misma he consultado también: “Dietrich von Hildebrand: un caballero para la verdad”, en: Anuario Filosófico, nº 12, Pamplona, 1979; pp. 185-198. Otros documentos de carácter biográfico que también he consultado son: Crosby, Henry John, “Dietrich von Hildebrand in his Unknown Role as Master Phenomenologist of Art”, en: Carlos Casanova (ed.), El amor a la verdad, toda verdad y en todas las cosas. Ensayos en honor a Josef Seifert, Universidad Católica de Chile / International Academy of Philosophy, Ediciones UC, Santiago de Chile, 2010; pp. 477-493; Parajón, Mario, “Prólogo”, en: Hildebrand, Dietrich von, La gratitud, Encuentro, Madrid, 2000; pp. 05-10; Palacios, Juan Miguel, “Memoria de Dietrich von Hildebrand”, en: Bondad moral e inteligencia ética. Nueve ensayos de la ética de los valores, Encuentro, Madrid, 2008; pp. 133-140; Seifert, Josef, “Editor’s Introductory Essay”, en: Hildebrand, Dietrich von, What is Philosophy?, Routledge, London / New York, 1990 (3ª. Edición); pp. VII-LVI; Crosby, John / Seifert, Josef, “Dietrich von Hildebrand (1889-1977)”, en: Aletheia. An International Yearbook of Philosophy, volumen V, Peter Lang, Bern / Berlin / Frankfurt am Main / New York / Paris / Wien, 1992; pp. 359-361; Schuhmann, Karl, “Husserl und Hildebrand”, en: Aletheia. An International Yearbook of Philosophy, volumen V, Peter Lang, Bern / Berlin / Frankfurt am Main / New York / Paris / Wien, 1992; pp. 06-33; Stein, Guido, “Dietrich von Hildebrand: semblanza biográfica”, en: Anuario Filosófico, volumen 35, 2002, pp. 241-245.
[2] El juicio de Edmund Husserl sobre la disertación doctoral de Dietrich von Hildebrand puede ver en: Husserl, Edmund, “Urteil über Hildebrands Doktorarbeit”, en: Aletheia. An International Yearbook of Philosophy, volumen V, Peter Lang, Bern / Berlin / Frankfurt am Main / New York / Paris / Wien, 1992; pp. 04-05 (Herausgegeben von Karl Schuhmann).
[3] Max Niemeyer, Halle, 1916; pp. 126-251.
[4] Max Niemeyer, Halle, 1922; pp. 462-602.
[5] El texto de esta lección inaugural fue publicado originalmente en: Philosophische Jahrbuch der Görres-Gesellsachaft, 32. Band, 1. Heft, Druck und Kommissions-Verlag, Fulda, 1919; pp. 01-14. También puede hallarse en: Hildebrand, Dietrich von: Die Menschheit am Scheideweg. Gesammelte Abhandlungen und Aufsätze, Josef Habbel, Regensburg, 1955; pp. 107-126.
[6] El mismo Hildebrand da cuenta brevemente de estas reuniones culturales hacia el final de la presentación que él mismo hace de sus propios escritos en: “Dietrich von Hildebrand Selbstdarstellung”; en: Pongratz, Ludwig Jakob (Ed.), Philosophie in Selbstdarstellungen, Band II, Felix Meiner, Hamburg, 1977; pp.125-126.
[7] Oratorium Verlag, Köln / München / Wien, 1927.
[8] Ars Sacra Verlag, München, 1929.
[9] Haas und Grabherr, Augsburg, 1930.
[10] Josef Habbel, Regensburg, 1932.
[11] Ver, por ejemplo: “Max Scheler als Ethiker” (pp. 315-339); “Max Scheler Stellung zur katholischen Gedankenwelt” (pp. 341-364); “Max Scheler als Persönlichkeit” (pp. 365-387), en la obra mencionada antes. Estos ensayos fueron publicados después, integrados en un solo texto (“Max Schelers Philosophie und Persönlichkeit”), en: Die Menschheit am Scheideweg. Gesammelte Abhandlungen und Aufsätze, Josef Habbel, Regensburg, 1955; pp. 587-639.
[12] Anton Pustet, Salzburg, 1933.
[13] Matthias-Grünewald, Mainz, 1933.
[14] Peter Hanstein, Bonn, 1950.
[15] Benziger & Co., Einsiedeln / Köln, 1940.
[16] David McKay, New York / Thames & Hudson, London, 1953.
[17] Kennedy & Sons, New York, 1953.
[18] Josef Habbel, Regensburg, 1955.
[19] David McKay, New York / Musson, Toronto, 1955.
[20] David Mckay, New York, 1957.
[21] The Bruce Publishing Company, Milwaukee, 1960.
[22] Josef Habbel, Regensburg, 1962.
[23] Franciscan Herald Press, Chicago, 1963.
[24] Helicon Press, Baltimore / Dublin, 1965.
[25] Franciscan Herald Press, Chicago, 1965.
[26] Franciscan Herald Press, Chicago, 1966.
[27] Josef Habbel, Regensburg, 1969.
[28] Franciscan Herald Press, Chicago, 1967.
[29] Josef Habbel, Regensburg, 1968.
[30] Josef Habbel, Regensburg, 1969.
[31] Josef Habbel, Regensburg, 1973.
[32] Josef Habbel, Regensburg, 1971.
[33] Josef Habbel, Regensburg, 1975.
[34] Josef Habbel, Regensburg, 1974; pp. 189-297.
[35] “Miscellanea”, pp. 299-415.
[36] “Kleinere Schriften”, pp. 165-288.
[37] Josef Habbel, Regensburg, 1971.
[38] Kohlhammer, Stuttgart, 1973; pp. 07-164.
[39] Josef Habbel, Regensburg, 1974; pp. 11-188.
[40] Kohlhammer, Stuttgart, 1976.
[41] Josef Habbel, Regensburg, 1971.
[42] Kohlhammer, Stuttgart, 1977.
[43] Josef Habbel, Regensburg, 1980.
[44] Kohlhammer, Stuttgart, 1984.
[45] Eos Verlag, St. Ottilien, 1980.
[46] Eos Verlag, St. Ottilien, 1980.
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