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Archive for the ‘Poesías’ Category

Otoño

tres poemas

 

 A mi madre

 

 I

 Mi madre enferma.

Lenta verdad asoma;

horas de pena.

 

 

II

 Una por una.

Llega el tiempo sin hojas,

¡rama desnuda!

 

 

III

 Ya casi sombra.

Silencio, suspiro, aire…

¡Terrible incógnita!

 

 José R.

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Cuadro de navidad

El frío corta a cuchillo

la suave piel de diciembre.

En la inmensa oscuridad

de la bóveda celeste

una estrella peregrina

solitaria resplandece

dejando una luz intensa

sobre la alfombra del éter.

Que un insólito prodigio

ha ocurrido nos advierte.

 

A lo lejos, unas sombras

se deslizan lentamente

por las pálidas arenas

del desierto del Oriente.

son las calladas siluetas

de los astrónomos reyes

que desde las extranjeras

patrias a Belén advienen.

 

Una tierna melodía

el aire de la noche hiere;

bellas voces polifónicas

de las angélicas huestes

que a los cansados pastores

de ovejas, vacas y bueyes

pregonan buena noticia

para ponerlos alegres:

el nacimiento del un niño

que del empíreo desciende

para poner su morada

entre pobrísima gente;

la humanidad y deidad

unidas en misma veste.

 

En las afueras del pueblo

de Belén muy bien se advierte

que en una cueva apartada,

tendido sobre un pesebre,

un niño como un capullo

ha nacido pobremente,

tan blanco como la luna

y limpio como la nieve;

envuelto en rudos pañales

con plácido sueño duerme

mientras su madre lo arrulla

y suave su “cuna” mece.

 

Quizá la madre no entienda

(o que saberlo no quiere)

que aquel retoño florido

que es vástago de su vientre

sea el Señor de señores

y el Máximo Rey de reyes,

o si acaso ella es la más

bendita entre las mujeres;

tan sólo amorosas lágrimas

—que empañan sus ojos tenues—

desde el interior de su alma

con mucha abundancia vierte

al ver tan pobre su hacienda

y no tener que ofrecerle

que la estrechez de un establo

y de sus pechos la leche…

 

José R.

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Encuentro

Tú, delante de mis ojos;

Yo, absorto ante lo tuyo.

¿Pienso? No es verdad; intuyo.

¿Callas? No; luz a manojos.

 

De este encuentro sin cerrojos,

¿Qué concluyes? ¿Qué concluyo?

Yo, mirada de murmullo,

Tú, puñado de sonrojos.

 

Yo, la esencia de tu mundo;

Tú, la luz de mi mirada.

Verdad imposible de otros.

 

¡Vaya encuentro tan fecundo!

De un desierto que era “nada”,

Edén de íntimo “nosotros”.

 

 

José R.

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Mysterium naturae

Inefable misterio se derrama

como un gracioso y delicado traje

por las criaturas vivas del paisaje

que forman el silente panorama.

 

Misterio que en mis ojos se encarama

cual hontanar de mágico lenguaje

instándome a gozar de su brebaje

hasta quemarme con su ardiente flama.

 

Las cosas manifiestan su presencia

con el vistoso y colorido grito

de su hermosura frágil e inocencia.

 

Pregón que me hace estar meditabundo

porque me incita a ansiar el Infinito

hasta el extremo de olvidar el mundo.

 

José R.

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Metafísica

A…

 

Yo te creía “ser”

-la metafísica mejor que supe-

El tiempo dijo “no es”,

es sólo una quimera, simple nube…

                                                  

José R.

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Miradas mudas

Quia peccatrix est…

Lucas, 7, 39

  

Miradas criminales de discordia

nacidas de la turba ahí presente;

una mujer, que busca ansiosamente

dónde encontrar del alma la concordia…

  

La escena, el místico silencio exordia

con un leguaje mudo y providente,

donde coinciden solos, frente a frente,

la “miserable” y la “Misericordia”.

  

La turba cruel, a la mujer condena,

con ojos de impiedad y de malicia;

ella busca perdón para su pena.

  

Miró Jesús a la mujer propicia

y, en un instante se trocó la escena,

allí donde el perdón se hizo “caricia”.

  

José R.

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Primavera

A Pablo

  

Nuevo retoño.

¡Te regresó la vida,

árbol de otoño!

  

José R.

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